Miércoles 20 DE Febrero DE 2019
La Columna

Cacería de disidentes

EL BOBO DE LA CAJA

— Andrés Zepeda lacajaboba@gmail.com
Más noticias que te pueden interesar

 

Hubo tiempos, no hace mucho, en que pensar distinto, considerarse de izquierda, hablar de socialismo o blandir ideas comunistas estuvo proscrito en Guatemala. Las dictaduras militares de entonces no estaban para delicadezas y, así las cosas, se dedicaron a perseguir, reprimir, torturar, desaparecer y eliminar con saña brutal y sin empacho alguno a todo aquel que calzara en lo que de modo muy ambiguo llamaron enemigo interno.

 

Recordemos. En 1954, tras el golpe de Estado que nos recetó la CIA, vino la dimisión del presidente Árbenz y el regreso triunfal de los conservadores encarnados en la élite criolla (finquera y monopolista) y la Iglesia católica (reaccionaria, advenediza, traidora). El Partido Guatemalteco del Trabajo, reservorio de intelectuales marxistas, fue prohibido por ley. Prohibieron también, en toda la República, el derecho a manifestar y el derecho a congregarse.

 

Algunos disidentes optaron por conspirar desde la clandestinidad, pero el asedio de las sucesivas dictaduras militares aumentó año con año. Sólo en 1980 fueron “desaparecidos” veinte altos mandos de la Central Nacional de Trabajadores, y otras treinta personas fueron secuestradas durante la marcha del primero de mayo.

 

Era 1985, y los comunistas no habían podido organizar una asamblea para nombrar secretario general y acordar cambios en su estrategia desde 1974. El ejército a cargo de Mejía Víctores (sucesor de Ríos Montt en 1983) capturó y desapareció a cien militantes del Partido, incluidos 14 de sus cuadros más importantes. El PGT fue erradicado casi por completo. Funcionaba por inercia.

 

Septiembre 25 de 1984: la junta directiva de la Facultad de Ciencias Económicas de la USAC publica un campo pagado en Prensa Libre, oponiéndose a la ampliación del IVA que había aprobado M. Víctores. El pronunciamiento argumentaba que el aumento era “injusto y regresivo”. Qué paradoja: lo mismo podría alegar, hoy, cualquier estudiante de la Marroquín. De hecho, hurgando en retrospectiva se lleva uno otra sorpresa:

 

Resulta que el arquitecto y proponente original del IVA fue nada menos que Fritz Thomas, fervoroso libertario tropical y columnista regular del matutino ya citado en el párrafo anterior. Su tesis de licenciatura, titulada El Impuesto sobre el Valor Agregado en el contexto tributario guatemalteco (UFM, 1981), fue recogida poco después en una publicación del Centro de Investigaciones Económicas Nacionales (CIEN), que a su vez sirvió de resorte para que Ríos Montt pusiera en vigor el gravamen. Interesante cómo la historia da vueltas, lo mismo que sus actores.

 

Carlos De León Gudiel murió asesinado el 26 de octubre de 1984. Al día siguiente mataron a Vitalino Girón. Un mes después le llegó el turno a Beatriz Charnaud. Los tres estaban vinculados al PGT. Los tres ocupaban cargos académicos de importancia en la USAC. ¿Qué delito cometieron? ¿Por qué segaron sus vidas? Un informe hallado en el Archivo de la Policía nos da la pauta: eran personas “accesibles a ideas socialistas”.

 

Agárrense, que hay funcionarios en el poder (respaldados por gente acorralada y mafiosa, y alcahueteados por una ola gigantesca de fanáticos) con intenciones de devolvernos a aquella pesadilla. Todo con tal de no enfrentar a la justica… ni perder sus privilegios.

Etiquetas: