Viernes 26 DE Abril DE 2019
La Columna

Atrapados en el sainete

Lado b

— Luis Aceituno

Mientras escribo esta columna, escucho el tronar de los cohetes al final de la avenida Las Américas de la ciudad de Guatemala. No sé si celebran la decisión que acaba de anunciar el presidente Jimmy Morales –en una de sus intervenciones televisivas más erráticas y lamentables de su carrera como político y comediante– de desconocer el acuerdo con Naciones Unidas para la creación de la CICIG o simplemente se trata de un acabo de novena, una entrega de Niño Dios secuestrado o una celebración extemporánea del Día de Reyes. El Twitter, el WhatsApp, el Messenger tampoco dejan de tronar en mi teléfono. A pesar de que lo dicho por el mandatario era, como es habitual en él, a todas luces previsible, amigos, familiares o simples contactos me preguntan si les puedo explicar qué es lo que está sucediendo. “Y yo qué puedo saber”, les contesto. La insensatez o la tontería a secas son por naturaleza incomprensibles. Lo que realmente quieren saber es si esto se trata de un Golpe de Estado, si se perderán garantías, cosas así… Pues, la pura verdad es que quién sabe. Qué le pasa por la cabeza a Morales cada vez que se pone frente a un micrófono, supongo que es un misterio que se llevará a la tumba.

El relajo este que comenzó con la detención en el aeropuerto de un funcionario de la CICIG el sábado pasado, coincidió con mi lectura de José Milla, un historiador centroamericano de Walter A. Payne, un libro que rastreaba desde meses atrás y que milagrosamente apareció ahí medio refundido en una feria del libro. Una lectura en verdad esclarecedora sobre el rol que han jugado escritores e intelectuales en la construcción de la patria. La idea que me salta a la cabeza, mientras avanzo en el pequeño volumen editado por la Pineda Ibarra, es que este país es una ficción elaborada por un autor de cuadros de costumbres. Un sainete demencial realizado por Milla que ha deambulado entre el pintoresquismo y el horror a lo largo de su vida republicana. Y basta prender la tele y encontrarse a Jimmy Morales o a Sandra Jovel para sustentar la afirmación precedente.
Morales es la personificación de esta farsa teatral terrorífica en la que habitamos los guatemaltecos. Es la televisión basura tomando el poder y corroyendo las estructuras del Estado con su patrioterismo y su mal gusto. Y así como Milla quiso crear un país a la medida de sus novelas históricas y sus crónicas costumbristas, Jimmy quiere crear uno a la medida de sus películas de Nito y Neto y de sus chistes de Moralejas.

La diferencia es que Milla, a pesar de su conservadurismo y sus posturas reaccionarias, era un hombre ilustrado y un escritor de primer orden, que despreciaba la vulgaridad, mientras que Jimmy la eleva a casi política de Estado. Todo discurso oficial se ha convertido en sainete y nadie sabe exactamente quién nos preside: ¿Un hombre de Estado? ¿Un presentador televisivo? ¿Un comediante? Si Milla se abocaba a Walter Scott para crear una historia nacional similar a una novela romántica decimonónica repleta de enredos e intrigas, Jimmy prefiere a la señorita Laura para dar rienda suelta a la chabacanería, al resentimiento, a la necedad como únicas respuestas a la crisis política, humana, moral que nos aflige.

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