Viernes 26 DE Abril DE 2019
La Columna

Amos Oz

Viaje al centro de los libros.

— Méndez Vides

Amos Oz, otro de los grandes literatos del mundo se marchó sin haber obtenido el Premio Nobel que le hubiera correspondido, sumándose a la galería de autores muy leídos en todo el mundo a quienes sus ideas pacifistas se le cerró las puertas del reconocimiento institucional. El premio no se entregó este año por problemas internos de la organización, y antes se lo entregaron a un cantante.

Al pasear por los callejones de la ciudad de Jerusalén se le aparecen al lector los personajes de Oz, en el tiempo de la ocupación británica, como aquel niño de Una pantera en el sótano, preocupado por el significado de la traición y el rechazo social injusto: “Muchas veces en la vida me han llamado traidor. La primera fue a los 12 años y tres meses, cuando vivía en un barrio a las afueras de Jerusalén. Fue durante las vacaciones de verano, faltaba menos de un año para que el Gobierno británico se retirase del país y naciera, en medio de la guerra, el Estado de Israel.”

Ser acusado de traición es muy fuerte, algo que sacude el alma, y más cuando surge desde la perspectiva de un niño que no puede tener culpa de nada. La obra está narrada en primera persona, y se siente la presencia de la memoria del autor judío.

El niño cuenta el pavor de cuando al salir a la calle una mañana descubre pintado en el muro de su vivienda un letrero que lo califica de “vil traidor”. El niño ha entablado amistad con un oficial inglés, con quien conversa para que cada uno practique el idioma del otro. El niño habla en inglés y el oficial en hebreo. No hay empresa política ni ideológica involucrada en la relación, pero el oficial es buena gente, generoso, y no espera de él sino una cordial y distante amistad.

Sus amigos independentistas lo acusan de traidor, por la relación que mantiene con el enemigo, y el muchacho en su afán de ser bien visto por sus amigos se ofrece para obtener información del oficial para advertir a los independentistas de los avances de los británicos. Es decir, poco a poco se sumerge en una acción que luego comprenderá como un acto verdadero de traición.

Un paquete prohibido en la enorme biblioteca de su hogar da la pauta para que el niño sueñe y se encuentre dividido entre su fidelidad a la familia, a su padre austero y exigente, a sus amigos, a quienes desea hacer partícipe del riesgo familiar para lucirse, y ante el viejo oficial inglés que lo quiere sin pedir nada a cambio. El sentimiento de culpa provoca una seria reflexión sobre el mundo contemporáneo, y quedará en letra impresa para que los lectores mantengamos viva la sensibilidad de un autor extraordinario que ya nos dejó.

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