Sábado 19 DE Enero DE 2019
La Columna

Cicigia (6)

buscando a syd

— Maurice Echeverría
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Pudimos reconocer en aquel binomio Aldana/Velásquez gravitas y desapasionamiento institucional. Insano sería creer, sin embargo, que sus protocolos y tomas de decisión institucionales no adolecieron, en alguna medida, de proclividad o tendencia.

Aclaro que una cierta propensión es natural, en cualquier institución dada: nadie escapa a su propia perspectiva. Es por ello mismo que yo hubiera apreciado que el Eje MP/CICIG fuera más eficiente para explicar sus criterios de decisión, ya no solo técnicos u operativos, sino su posición general en el juego del poder, así como sus maneras de crear y negociar colaboraciones.

Alianzas se dieron. Y a veces muy abiertamente, como cuando el Comisionado y la Fiscal hicieron presencia en el evento aquel del Frente Ciudadano contra la Corrupción, dando un mensaje entre desesperado y complaciente, presentándose donde no tenían que presentarse y empujando una mancuerna innecesaria, que adicionalmente resultó más bien inocua, en términos de contrarrestar la impunidad.

Ese día se sacrificó un semblante de ecuanimidad por una agenda evidentemente política y un meandro particularmente mediático. No es que el Eje fuese apolítico de antes, pero en todo caso había conseguido hasta ese momento no entrar descaradamente en el realpolitik. En mi opinión fue un error anteponer el ajedrez a una institucionalidad que debía permanecer posicionada, pero toda vez clínica, y algunos de nosotros enfriamos mucho nuestro apoyo. Sin contar que había uno o dos lobos en esa mesa, la clase de lobos con los cuales uno no se sienta a comer.

Aún con esta clase de connivencias, CICIG se ha atrevido a decir que la justicia no es de izquierda o derecha. Lo cual por supuesto no es cierto, y revela ya sea ignorancia o manipulación, equivalente a la de sus peores detractores. Porque no es cuestión alguna de colapsar las diferentes justicias en un solo machote achatado y unidimensional, y todos agarrados de la mano. Se trata, más bien, de establecer diseños integrales verídicos entre las distintas agencias ideológicas y sus versiones de lo que es cabal.

Por cierto, siento lástima por quienes, en su parroquialismo de Facebook, se tragaron el cuento de que la CICIG no tenía agenda ideológica, cuando nada hay más ideológico que la CICIG y nada más agendado.

¿Agendado por quienes? Eso lo sabemos todos. La CICIG fue ensamblada como un proyecto beta con altos potenciales para limpiar y administrar este país-laboratorio nombrado Guatemala. De ahí que la inversión fuese tan masiva. Es imposible que no la hayan en algún momento considerado como un modelo factible y estándar de intervención blanda en la región y quién sabe si en el Tercer Mundo en general. Así como hay una soberanía nacional también hay una soberanía internacional y ambas están sujetas a toda clase de programas, provechos y perversiones.

En fin. Termino esta columna con una pregunta capital que no ha sido respondida adecuadamente: ¿quién fiscaliza a los fiscalizadores?

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