Martes 19 DE Noviembre DE 2019
La Columna

Todos los libros en Sophos

Fecha de publicación: 11-12-18
Por: Luis Aceituno

Unos de mis recuerdos preferidos de Sophos es una plática que tuve ahí con Carlos Monsiváis. No podría precisar la fecha (¿2006? ¿2007?), pero fue la última que sostuvimos y la librería se encontraba aún en el entrañable local de la Avenida Reforma y 14 calle.

Con Carlos nos habíamos conocido más o menos en 1992, cuando él vino a dar una conferencia sobre literatura joven en México, o algo así, a uno de los festivales de Cultura Paiz que se celebraban en La Antigua Guatemala. Me lo presentó Ángel Arturo González y no sé por qué diablos paramos hablando los tres de cómics mexicanos, éramos en verdad enciclopédicos. Él más, por supuesto

Luego, siempre que visitaba Guatemala, encontrábamos un tiempito para charlar un rato. Esa vez lo fui a buscar al Camino Real, a dos pasos de la librería, y fuimos para allá porque él quería ver qué había de nuevo de o sobre Gómez Carrillo. Carlos andaba metido a fondo en ese momento en los modernistas y en el siglo XIX. Yo le sugerí que tenía que leer a Batres Montúfar y ya en el café de la librería nos enrollamos hablando sobre literatura guatemalteca, sobre todo de lo que sus dos grandes amigos, Luis Cardoza y Tito Monterroso, le habían hecho comprender al respecto. Monsiváis murió dos o tres años más tarde y yo ya no supe su opinión sobre Pepe Batres.

Sophos nació hace 20 años, en la época en que el término “posguerra” estaba en boca de todos. Había una efervescencia cultural y, por qué no, una gran esperanza en la democracia. Con los Acuerdos de Paz habíamos decidido no matarnos más entre nosotros y muchos ansiábamos una sociedad letrada, repleta de libros, películas de culto y discos con sonidos extraños.

Era una quimera, pero fue bonito vivirlo. Viajábamos a México, a Costa Rica o a cualquier parte y regresábamos con un cargamento de esos raros objetos –que un analista económico dijo que podían parecerse a las vacas (chiste privado)– que contenían letras, imágenes y acordes de jazz progresivo. Sophos nos ahorró los pasajes. Fue la salvación para un grupo de letraheridos ávidos de alimento para el intelecto y los sentidos.

Lo que no sabíamos en ese momento es que fuéramos tantos. El éxito empresarial de Sophos es la refutación de esa idea de que en Guatemala solo existen tres o cuatro gatos dispuestos a perder el tiempo leyendo “babosadas”.Sophos es muchas cosas para los que encontramos refugio ahí a principios de este milenio. Son los libros, por supuesto, pero también los encuentros.

Es Marilyn Pennington y Philippe Hunziker dispuestos a rastrearte cualquier texto, por extraño que este sea. Es Rodolfo Kepfer mostrándome los tesoros encontrados cada tarde. Es Gaby Navassi en la caja, insospechada poeta de quien leí un bello libro sobre la amistad y la muerte, luego de su fallecimiento a los 30 años. Es mis entrevistas para elAcordeón que han sido tantas.

Es una larga charla con Luis Alfredo Arango y muchas con Marco Antonio Flores. Es foros y presentaciones y café con leche. Es voltear la vista para todos lados para no caer en la tentación de comprar ese libro maravilloso y carísimo, que aparece cabal el día en que andás sin plata.