Miércoles 12 DE Diciembre DE 2018
La Columna

Campeón de ciclismo

SOBREMESA

— María Elena Schlesinger
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En agosto de 1896, vinieron a la Ciudad de Guatemala dos reconocidos ciclistas internacionales dispuestos a participar en las competencias organizadas por las autoridades para la fiesta patronal capitalina. Las fiestas agostinas, en honor a la Virgen de la Asunción, gozaban de gran prestigio, y la ciudad se vestía de fiesta, gracias a las múltiples atracciones de la feria, que alborotaba un poco lo comúnmente aletargado, sin gracia y aburrido.

Se vivían entonces los tiempos románticos y afrancesados del presidente José María Reina Barrios, recordado más como urbanista que ecónomo de la nación.

Los pedalistas fueron el francés Máximo Block y Francisco Smith, de nacionalidad estadunidense. Ellos vinieron cargando sus bicicletas, con la intención de ganar el circuito de dos mil varas en el Hipódromo del Norte, siendo el participante local un joven muy apuesto de la sociedad, pulcro y nítidamente trajeado de nombre Jorge Ubico Castañeda, quien para entonces estaba por cumplir los dieciocho años.

Ubico era destacado velocista, propietario de una de las pocas y costosas bicicletas francesas de carrera que existían por aquí. Para entrenar, recorría frecuentemente distancias cortas, dando vueltas sobre el empedrado de la antigua Plaza de Armas o por los recién abiertos caminos, como el Paseo de la Reforma, y se aventuraba en trayectos más escabrosos y atrevidos como el Guarda Viejo o por los alrededores de la Parroquia, en rutas mal empedradas o de terracería.

El día señalado para la competencia, los ciclistas acudieron puntuales. Vestían camisolas de manga larga, pantalonetas cortas, calcetines oscuros hasta las rodillas y zapatillas de cuero amarradas color café. El distintivo se exhibía en el brazo derecho.

Una pequeña multitud de mirones se congregó al margen de la improvisada pista en el Hipódromo para presenciar el paso de los ciclistas. Cabe puntualizar que las bicicletas de entonces, aunque de fabricación extranjera, eran todavía pesados armatostes de hierro, mucho más difíciles de maniobrar que las actuales, que por livianas pueden ser levantadas con un dedo.

Un banderillazo y el tronar del pito abrieron la competencia, marcando la salida de los velocistas. El aplauso espontáneo del público para animar a los corredores y el entusiasmo de los presentes llegó a su cúspide cuando el joven Ubico dejó atrás al francés y al norteamericano.

La tribuna rompió en aplausos y vivas al comprobar que el ganador había sido el guatemalteco Jorge Ubico, en la competencia que tuvo lugar el 16 de agosto de 1896.

Treinta y cinco años después, en 1931, Jorge Ubico fue electo por primera vez presidente de Guatemala. Ya en las alturas del gobierno, Ubico cambió el poder que le otorgaba su mandato por la tiranía y la vieja cicle francesa de su juventud por una moto Harley-Davidson, con la que gustaba lucirse a toda velocidad por los caminos empolvados de la ciudad y la patria.

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