Viernes 24 DE Mayo DE 2019
La Columna

¿El cambio está en ti?

follarismos

Fecha de publicación: 24-11-18

Es cierto que en varias ocasiones he abordado el tema de los equilibrios y tensiones que existen entre el individuo y la sociedad o, si nos referimos a otras dimensiones humanas, entre el querer y el poder, entre la emoción y la razón, entre la libertad y el determinismo, y puestos a analizar la esfera política, entre la ciudadanía y el Estado, por ejemplo. Siempre he conceptualizado tales fenómenos contradictorios y complementarios como las dos caras de una moneda que resulta difícil captar en su totalidad porque si portamos la atención solamente hacia uno de los polos, tendemos a olvidar el otro y a perder conciencia de que el uno no puede existir, al fin de cuentas, sin su opuesto, y que ambos están indisolublemente unidos.

Así, cuando las personas comunes y corrientes, o incluso los pretendidos especialistas de los fenómenos del comportamiento ponen el acento en tan solo un polo de la dinámica humana, es bueno recordarles que las cosas no son –afortunada o infortunadamente– tan simples, que en realidad suelen ser más complicadas. Pero también, de la misma forma, cuando esas mismas personas arman un embrollo gigantesco sin llegar a ninguna conclusión esclarecedora sobre los condicionantes de la conducta humana, es necesario recordarles que las cosas no son –por suerte– tan complicadas e indeterminadas, pues resulta que sí es posible identificar las variables que intervienen en los cambios individuales y sociales. O sea, si la explicación resulta demasiado simplista, haz un llamado a la complejidad. Y si parece demasiado complicada, intenta ir hacia la simplicidad. Esta sería, me parece, una buena consigna para alcanzar un sano equilibrio entre ignorancia y conocimiento.

Por todo ello he de aclarar que desconfío del optimismo barato y del positivismo ingenuo que transpiran las ideologías y las iglesias de los manuales de desarrollo personal típicos de la psicología norteamericana que han inundado las librerías, pretendiendo reducir las explicaciones de la dinámica humana y de los cambios sociales a la voluntad de los individuos bajo el lema “querer es poder” (“ten fe, y lo conseguirás”, pregonan por su lado las creencias religiosas). Aquí, yo quisiera recordar que las cosas no son tan simples, porque las leyes del cambio social no son las mismas ni se comportan igual que las leyes del cambio individual, aunque haya una relación de continuidad entre lo individual y lo social. Ambos son niveles lógicos diferentes de la realidad y se mueven en coordenadas distintas.

Recién esta semana se inauguró en el país un movimiento más de los tantos que ya existen con características similares y que se denomina “El cambio está en ti”. Su presentación, por lo visto, fue alrededor del tema del alcoholismo en Guatemala y se insistió mucho en el hecho de que las personas beben alcohol o se vuelven alcohólicas porque así lo quieren o lo deciden, idea sobre la cual yo no tengo nada en contra, pero que me parece coja, pues le falta la otra pata, o sea, las causas y los condicionantes sociales. Pero bueno, lo más hermoso de todo esto, ¿saben qué es? Que quienes patrocinaban el evento eran –aférrense a sus asientos, please– las empresas Ambev Centroamérica, Diageo, las Industrias Licoreras de Guatemala y Cervecería Centroamericana, o sea, aquellas cuya finalidad en la vida es forrarse de plata incitando a los guatemaltecos a bañarse en alcohol y a perder toda capacidad de intervención eficaz en los cambios que necesita la sociedad. Primoroso, ¿verdad?