Jueves 21 DE Noviembre DE 2019
La Columna

Ordesa

Viaje al centro de los libros.

Fecha de publicación: 20-11-18
Por: Méndez Vides

El escritor español Manuel Vilas (1962) fue maestro de idioma español y literatura de secundaria en Zaragoza por mucho años, y quizá por eso su poesía y primeras obras de narrativa fueron experimentales, gozosas, muy al estilo de los mexicanos de la Onda de los años sesenta, y el afán experimental de Cortázar, con lenguaje abierto, desacuerdo con la autoridad, el viaje psicodélico y expresión urbana. Su sensibilidad deviene del contacto prolongado con adolescentes, que trascendió pasado el medio siglo, cuando haciendo uso de su talento, escribió una novela intimista, privada, reveladora, profundamente española (distanciándose del cosmopolitismo de moda en la aldea global), y que por lo mismo alcanza la universalidad, porque hace del hecho particular una experiencia humana reveladora. La novela se titula Ordesa, y se ha convertido en una revelación en el ámbito de nuestro idioma.

La novela es testimonial, y parte de la experiencia y memoria de la vida normal y común de su propio padre, un provinciano. Es la búsqueda del origen, de la vida familiar en los tiempos de Franco, del cambio a la democracia y todo lo que la misma acarreó. La obra desarrolla el tránsito de la vida personal, reflexiva e intensa, transgresora, con un aliento ingenioso, a veces pesimista, descreído y dudoso, mientras despliega la experiencia de su tiempo. Guardando las distancias, porque una cosa es la literatura y otra la expresión de los culebrones televisivos, esta obra guarda de fondo cierta relación, sin que sea peyorativo, con el sabor del Cuéntame de la familia Alcántara en sus primeras temporadas. Es testigo del paso del autoritarismo franquista y el catolicismo, a la soledad frente a la muerte inevitable.

Vilas dedica un pasaje a su experiencia de extraterrestre invitado a la premiación del Cervantes a Juan Goytisolo, ante la presencia de los reyes, observando severo y crítico, como un autor contestatario recibe el aprecio dudoso del sistema: “El escritor galardonado, un anciano ausente, un hombre desdibujado, un ser de otro tiempo, pasea del brazo de la reina”.