Domingo 16 DE Junio DE 2019
La Columna

País carroñero

follarismos

Fecha de publicación: 22-09-18
Por: Raúl de la Horra

Hay una leyenda en la que se ha pretendido entronar al exótico quetzal como ave-símbolo de nuestro territorio. Sin embargo, esto solamente sucede en la teoría, porque la tradicional deforestación y entrega de nuestra independencia y recursos naturales a los grandes capitales nacionales e internacionales ha empobrecido y devastado tanto el país, que lo han convertido desde hace años en el reino de los zopilotes. De modo que, como han propuesto algunos caricaturistas, el zopilote debería ser el símbolo nacional por excelencia.

¿Cierto o no es cierto? Buena parte de nuestro territorio es una inmensa fábrica de carroña en la que se produce porquería diversa. La más frecuente consiste en los principios religiosos ultra-conservadores que nos inculcan y con los cuales de todas formas nos limpiamos el trasero desde pequeños, luego vamos entrenándonos en el disimulo, la mentira y la impostura, practicando el cinismo y la sinvergüenzada, hasta especializarnos en distintas ramas de la corrupción y el crimen. Todo ello, claro está, poniendo carita de niños de teta y cantando aleluyas en los templos, sobre todo evangélicos.

Otra especialidad de carroña fabricada en cantidades industriales es la elaborada a base de rumores, maledicencias, medias verdades y abiertas mentiras que escuchamos y difundimos sobre el prójimo con la cara más dura del mundo, jurando sobre la memoria de nuestras madres y antepasados que todo lo afirmado lo hemos visto con nuestros propios ojos. El noventa y nueve por ciento de las afirmaciones hechas contra la famosa CICIG, por ejemplo, pertenecen a esta categoría: imprecisas, malintencionadas y sin sustento.  Es decir, auténtica y burda desinformación.

¿Cuántos corruptos de cuello blanco, altos mandos de Estado y dirigentes empresariales habían sido apresados y condenados en Guatemala antes de que llegara la CICIG? ¿Cuántos? Escucho y leo en la prensa las afirmaciones absurdas de productores y difusores de sandeces asegurando que en Guatemala somos de sobra capaces de atrapar y juzgar solos a los corruptos sin la ayuda de instancias internacionales que investiguen y fiscalicen. A ver, ¿nos habrán visto la cara de idiotas? ¿Pero, es que esta gentuza se cree de verdad lo que afirma, e intenta, además, darnos atole con el dedo?

Y bueno, vean ustedes la calidad humana que produce el país: una ex vicepresidenta en prisión jura por su madre y por dios no haberse robado jamás ni un centavo del erario público. Un excandidato a la presidencia apresado en los Estados Unidos, en una carta abierta, afirma: “tal vez se han cometido errores”, pero jamás, “he cometido errores”. Un exministro de Gobernación, condenado anteayer a  ocho años de prisión, sigue hablando de inocencia y dice sentirse orgulloso de ser guatemalteco, en vez de pedir perdón o disculpas. ¿Qué es lo que caracteriza a estas personas y a la mayoría de los cientos de personas que el Ministerio Público, gracias a la CICIG, ha metido en prisión? La cobardía y el cinismo. Lo que las convierte en auténtica carroña guatemalteca, en vergüenza nacional, en escoria pública.

Qué gracioso. Entre la pusilánime y putrefacta clase media urbana chapina, clase tradicionalmente oportunista, ignorante y vulgar, propensa a comulgar sin reparos con ruedas de molino y a tragarse cualquier cosa por miedo y falta de identidad, solemos escuchar: “El gobierno del payasito ha cometido errores, es cierto, PERO ES QUE LA CICIG…”. Así que, de pronto, resulta que el problema en Guatemala es la CICIG, es Iván Velásquez, es el extranjero, fíjense. ¿Saben lo que les digo? ¡Vayan a chingar a su madre!