Miércoles 14 DE Noviembre DE 2018
La Columna

Divagaciones sobre la crisis

Lado B

— Luis Aceituno
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“Si Trump está con nosotros ¿Quién contra nosotros?”, parece ser desde hace algunos días la predica de la canciller Sandra Jovel cada vez que reta a la ONU y a la comunidad internacional y les pide no meterse en los asuntos internos del Gobierno de Guatemala. Nosotros, en sus palabras, significaría, por supuesto, el señor presidente y su socorrido Consejo de Seguridad Nacional, quienes por lo visto se han convertido en la máxima instancia para manejar la crisis política que atravesamos y defender lo que ellos comprenden por soberanía, ¿Estará de verdad Trump con ellos? He ahí el dilema que en medio de este relajo parece inquietar a tirios y troyanos. La verdad es que el secretario de Estado Mike Pompeo fue lo suficientemente ambiguo en sus declaraciones al respecto, como para que nos pasemos de aquí a fin de año interpretando sus palabras como si de mensajes subliminales se trataran. Son 187 caracteres sin espacios que tienen a todos los analistas políticos quebrándose la cabeza desde la semana pasada. Pero para Jovel han sido una carta blanca que le ha permitido mandar al secretario general de la ONU, António Guterres, a freír espárragos. Cada habitante de este planeta tiene derecho a 15 minutos de fama, algo así decía Andy Warhol, y la Canciller guatemalteca parece estarlos viviendo a fondo. Su reto, me da la impresión, es aparecer de aquí a unos años en los libros de texto, si es que aún existen, como la mujer que ayudó a Jimmy Morales a convertir Guatemala en un país paria.

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Toda crisis política es una crisis semántica, es decir, una crisis de interpretaciones. Un pleito de jurisconsultos retorciendo las leyes en beneficio del sector en pugna a quien representen. A mi personalmente me aterran conceptos como Seguridad Nacional, una antigua estrategia de las dictaduras militares para desaparecer opositores políticos de toda especie. Soberanía es otro que puede ser de una ambigüedad inquietante y que, en las actuales circunstancias, pareciera reducido a una argucia para desconocer tratados y convenios internacionales, sobre todo en lo referente a los derechos humanos. Desde la decisión de Jimmy Morales de no prorrogar el mandato de la CICIG y de prohibir el ingreso al país de su comisionado Iván Velásquez, la palabra sedición está en el aire. Los sediciosos, es evidente, serían todos aquellos que no estén de acuerdo o que refuten la resolución presidencial. De esto a regresar a aquella nefasta figura del “enemigo interno”, solo es cuestión de interpretación. Palabritas así, que se sueltan al aire, envueltas por lo general en encendidos discursos patrióticos, que se echan a correr como amenazan latentes y que pueden cargarse de la manera más burda 30 años de democracia y de libertades civiles.

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Septiembre es el mes de la patria. Del orgullo nacional. De esconder la basura debajo de la alfombra para dar una buena impresión ante el mundo civilizado. Guatemala es un país extraordinario, real maravilloso, mágico en el sentido de que las experiencias paranormales están a la orden del día, el único en el mundo, según el presidente, en donde es posible detener –atacar o algo así– aviones cargados de coca con camiones viejos y destartalados. Hasta el momento Honduras, país donde los carros se estrellan con las aeronaves y los barcos con los ferrocarriles, nos llevaba la delantera. Ahora el honor es nuestro.

 

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