Miércoles 14 DE Noviembre DE 2018
La Columna

Un día muy especial

Lado b

— Luis Aceituno
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Jimmy Morales quiso vivir el viernes pasado una jornada apoteósica. Las cosas no le salieron como previsto y terminó, como ya es habitual en él, con esa cara de niño crecido al que le arruinaron la piñata. Lo mismito del año pasado. Quiere demostrarnos que es él que manda, pero siempre aparece a última hora la mano invisible para ponerlo es su justo lugar y entonces ya solo le queda el berrinche, el puro ardimiento que debe corroerle las entrañas. A decir verdad, no entendí muy bien de qué se trataba el asunto, si estábamos asistiendo a una declaración de guerra, a un golpe de Estado o a una fiesta temática para anunciar el mes patrio. De Jimmy puede esperarse cualquier cosa. El problema es que siempre nos deja a medias y nunca estamos del todo seguros de cuáles son sus verdaderas pretensiones. Si su intención, el viernes, era informarnos que no renovará de aquí a un año la continuidad de la CICIG, no se qué hacía ahí en medio de un montón de policías y soldados. Es más, para decir lo que realmente dijo, con un tuit hubiera bastado. Pero no, su paso por la televisión basura lo determinó hasta el ridículo. La grandilocuencia es lo suyo.

La puesta en escena del pasado viernes no tenía pierde. Un tipo de coquetería peligrosa, para darnos a entender que aún es capaz de asustarnos, que él tiene el poder de las armas. Como aquellos matones que engalanan sus pistolas para lucirlas en las ferias de pueblo. No creo que sea tan insensato como para pensar que podría derribar las paredes de la sede de la CICIG y de la embajada de Estados Unidos a punta de cañonazos. Los carritos de combate y las armas de guerra, me temo, solo han venido a sumarse a ese decorado suntuoso del desolador espectáculo que ha sido su gobierno. Porque Jimmy es en realidad un hombre de escenografía y espectáculo, de eso no solo se ganó la vida antes de llegar a ser presidente, sino que ha sido toda su escuela. Claro que ahora puede darse el lujo de utilizar bienes del Estado para efectos de producción y tiene, o creer tener, a toda la nación como público cautivo. Para un contador de chistes sin gracia, eso debe ser algo así como la realización de todos sus sueños frustrados.

La foto que apareció en la portada de los diarios de circulación nacional el sábado por la mañana –Jimmy Morales dirigiéndose al país acuerpado por un batallón de policías y soldados– será la que enseñará a sus nietos para demostrarles que un día fue presidente, la que engalanará la sala familiar de aquí a unos años, rodeada de condecoraciones y diplomas de honor al mérito. Algunos la han comparado con aquella similar que le tomaron a Ríos Montt el día que dio el golpe de Estado, aunque no creo que haya causado en las masas algún efecto parecido: el ejército que toma el poder para reestablecer la disciplina y el orden. La de Jimmy no solo es desfasada, sino bastante absurda. Y viéndola bien, no sabemos si quien está detrás del mandatario es el alto mando militar en pleno o el coro de las fuerzas armadas; si de pronto van a sacar las escuadras para disparar indiscriminadamente o si más bien se van a poner a cantar Luna de Xelajú, para demostrarnos su profundo sentimiento patrio.

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