Domingo 23 DE Septiembre DE 2018
La Columna

Mario Monteforte Toledo

Viaje al centro de los libros.

— Méndez Vides
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Un día como hoy, hace quince años, murió en la ciudad de Guatemala el escritor Mario Monteforte Toledo, novelista voluntarioso, soñador, incansable, autor de tres obras fundamentales: Entre la piedra y la cruz, Donde acaban los caminos y Una manera de morir. Regresó a Guatemala en los años del gobierno civil de Vinicio Cerezo por temporadas, luego de su largo exilio en México, y decidió quedarse, dispuesto a animar el espacio cultural nacional, y así lo hizo, porque fundó un premio de novela, impulsó el cuento, teatro, poesía, plástica y en sus últimos días logró con gran entusiasmo que se llevara a cabo una producción cinematográfica de la adaptación de su novela Donde acaban los caminos.

Conocerlo fue una experiencia inolvidable. Era un gran conversador. Mis hijas lo apodaban el comeniños y desaparecían en cuanto él llegaba a casa para no incomodarlo, aunque se mantenían escuchando a escondidas sus interminables anécdotas y recuento de aventuras.

 

Por esa habilidad suya para dialogar, surgieron varios recuentos de entrevistas, como Conversaciones con Mathias Goeritz (siglo XXI, México), o Diccionario privado (Magna Terra, Guatemala), a los que ahora se suma Mario Monteforte Toledo en Madrid. Conversaciones y grabaciones (1995-1999) de Juan José Suárez Losada, que publicó recientemente la Fundación Mario Monteforte Toledo, y en cuyas páginas se recupera el ingenio de nuestro escritor hablando sin parar, con ese estilo, desenfado e inteligencia que lo caracterizaron.

Mario llega a Madrid y Suárez Losada lo conduce y va grabando en restaurantes, plazas de toro, y cuando diserta sobre arte, o conversando informalmente sobre pintura, religión, nacionalidad, o de Miguel Ángel Asturias, de quien fue devoto, compartiendo anécdotas como que tras beber de forma oceánica un día dejó se volvió abstemio, y entonces Mario le pregunto por qué, y Asturias contestó simplemente: “No sé”.

Desde el inicio, la obra asombra con la transcripción de su lúcida interpretación sobre arte en España y Guatemala, países que compartieron en su momento la idea de lo “sagrado”, desarrollado en la pasión del barroco, que en Guatemala fue severo y sísmico. Da gusto leer como escuchando su voz, tal y como lo recuerdo, con criterios radicales y firme, nunca complaciente.

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