Martes 25 DE Septiembre DE 2018
La Columna

“La última posada”

Viaje al centro de los libros

— Méndez Vides
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Dos autores grandes que recibieron el Premio Nobel en las últimas décadas, sin el respaldo de sus propias naciones, fueron el portugués José Saramago (pedido por los españoles) y el húngaro Imre Kertesz (pedido por los alemanes). El caso incómodo de este último, ganador del premio en el año 2002, y fallecido en 2016, quedó expresado en La última posada, un libro sui generis, que al estilo de un diario va dejando expresados sus sentimientos en el día a día, por años.

Kertesz llamó al Nobel “el beso de la muerte”, porque existe la memoria de quienes se suicidaron tras recibirlo (como el japonés Yasunari Kawabata) o porque ya no volvieron a escribir nada relevante después de alcanzada la fama. La popularidad es peligrosa, y en su caso le pareció “repugnante, ridícula y agresiva”, ya que durante décadas en Hungría ni siquiera sabían de su existencia.

La noticia tras haber ganado irritó a muchos en su patria: “Los nazis despotricaron contra el judío; los judíos despotricaron contra el judío; el gusano maligno que emerge del pasado y contamina el aire con su cadaverina”. En los medios fue insultado, se decía que no se le debió conceder el premio. Y tanto los nazi húngaros como los judíos lo utilizaban para “asestarse golpes en la cabeza los unos a los otros con mi nombre de marca cual si fuese un hacha, mientras se pega cada vez más mugre a ese nombre”. La experiencia lo asustó, había regresado al país donde por décadas no fue nadie, recibido en actos multitudinarios por la población, y siendo insultado por los intelectuales oficiales del aparato cultural. El premio fue para él bastante dinero, y la confirmación de que “en Hungría no me entienden”, y no estaba dispuesto a caer en la tentación de autovalorizar su propia obra, porque era todo lo que podía ser.  Huyó de vuelta a Berlín, afectado por el Parkinson y la enfermedad de su esposa. En su diario dejó plasmado el testimonio resentido y conmovedor tras el recibimiento del premio: “Nunca en mi vida he experimentado tanta vileza como desde que se dio a conocer mi premio Nobel”.

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