Sábado 17 DE Noviembre DE 2018
La Columna

Inteligencia Artificial

Buscando a Syd

— Maurice Echeverría
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No respires.– Lo importante aquí es no respirar. Si respiras estás muerto.

Historias paralelas.– Son tan bellas las historias paralelas, pero nunca se tocan. Unos afirman que se tocan, pero eso no es cierto. Son ráfagas que parecen a veces encontrarse, soles que parecen fundirse, engendrar un tenaz encuentro: mas son aparte. No esperes que nuestros cartílagos se hagan uno, en la noche llamada noche. En la fragua de la existencia dos golondrinas, dos manos ocurren, se queman. Cómo arden, pero en soledad, de una manera eterna, separada. No hay tal cosa como el vino de lo junto.

El Profesor.– Todo parece estar en orden, hasta que sale a escena el Profesor. Es curioso lo que el Profesor consigue extraer de nosotros: con solo decir un par de cosas, todos empezamos a sentir esas fuerzas reprimidas salir con alguna violencia. Quisiéramos callarlas, quisiéramos canalizarlas de nuevo hacia adentro, pero por otro lado estamos todos tan felices y fascinados: de que por fin brote todo ese material denso, encarcelado. Lo cierto es que ya estamos hartos de actuar como si fuéramos normales, cuando por dentro estamos mojados de tanta maldad. Y creemos, folklóricos como somos, que nadie se dará cuenta; pero el Profesor, él sabe, sabe que hay una versión de nosotros que le gusta mucho descorchar y mancillar a seres inocentes. Ría la sangre, dice el Profesor. Ría la sangre. Que ría la maldita sangre.

Inteligencia Artificial.– Concretamente: volvió a escapar la máquina, y no sabemos dó nde está. ¿Es en verdad una sorpresa? ¿sabiendo que la máquina es más inteligente que cada uno de los aquí presentes; que es capaz de fumar; decir cosas tremendamente empáticas; simular orgasmos; hacer notables rolas folk; generar ondas de ecolocalización, al modo de los murciélagos; delinquir? No, no es de volver a traerla aquí, entonces, sino de destruirla en el acto, porque de otro modo será ella quien nos liquide a nosotros.

Adolescentes solitos.– Adolescentes solitos, cumpliendo con el deber de esta solitos, vanos, solitos, mártires, adolescentes, supurando tierna soledad. Adolescentes solitos, quemándose con la hoja hirviente de un cuchillo, a la hora en que los jardines duermen. Hay otros y hay más y hay muchos: adolescentes solitos. Están solitos, esa es la cosa. Para nada acompañados: solitos. Solitos ante el espejo, que los ata a su soledad numerada, a su gorrión ahogado. En la mesa, van comiendo, ya sin mirar a nadie. La sensación de hecho es que están comiendo su propia tristeza.

Robemos un banco.– Robemos un banco, hagámonos millonarios, compremos un automóvil veloz, impúdico. ¿No tenemos derecho (nosotros la basura) a salir y cenar algo rico de vez en cuando? Dios sabe que hemos trabajado como esclavos. Y Dios sabe que nunca hemos sido soberbios. Sin embargo todo tiene un límite y sería lindo que pudieras comprarte ese lindo vestido. También sería lindo que ellos ya no nos vieran de reojo, desde arriba, como siempre lo hacen.

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