Jueves 18 DE Julio DE 2019
La Columna

Secretos familiares

buscando a syd

Fecha de publicación: 02-08-18
Por: Maurice Echeverría

Retaliación.– Rompieron el Orden. Rompieron el Pacto. Rompieron el Reinado. Y ahora los Romperemos a ustedes.

Milord.– Milord, esta vez no será tan sencillo. Bueno, de entrada, son siete doncellas las que yacen sin vida en vuestros nobles aposentos, con la estampa deformada a cuchillazos, y con el agravante de que tres de ellas son, según se deduce, de ilustre familia. No, no califico vuestras acciones, Milord, simplemente me intranquiliza que esta vez no será tan fácil limpiar el reguero de sangre. No soy yo para decir si se lo merecían, Milord. Estoy seguro que Milord tuvo sus razones para pasarlas por la hoja. Simplemente quiero subrayar, Milord, que pronto vendrán a hacer preguntas. No precisa, Milord, insultar mi mostacho. Temo que ya no hay más droga, Milord. La doncella no habla porque está muerta, Milord. No, Milord, no puedo devolverla a la vida. Estoy seguro que podremos conseguirle nuevas doncellas, cuando sea lo indicado, Milord. ¿Empezamos quizá por vestirlo, Milord?

Que caiga el mundo.– Nunca fue tan mundo, para empezar.

Secretos familiares.– Este es el libro de los secretos familiares. Este el evangelio de nuestras traiciones. Aquí están las formas hervidas en que vencimos a nuestros hermanos y las formas en que ellos nos vencieron a nosotros. En el terror de la sangre compartida, en el fondo de la progenie exacerbada, actos viles y gangrenas tomaron lugar, herencias fueron en la noche hurtadas, se establecieron adulterios indecibles, copas probaron el gustillo del veneno. Cada cerebro es un nido de conspiraciones, pero en esta casa no hay ni un solo epitafio que no haya sido calculado: lenta, fría, insomnemente calculado; calculado, sí, en las mazmorras blancas del recuerdo imperdonado –del imperdonable rencor. Hijo mío, este es el libro de los secretos familiares, te lo doy para que aprendas a odiarme, y a odiar a tu hijo, el que aún no nace, pero ya te detesta: el que ya sabe cómo va a cuadrar la rosa de tu muerte.

La larva.– En tu mano vive una larva. Es una buena larva; sana, fuerte. Pudrirá todo lo que toques.

El fin del mundo toca tu puerta.– Estás en tu búnker, el mismo que te tomó tanto tiempo construir, y afuera todo es antivida. Te sientes seguro hasta que el fin del mundo toca a tu puerta. Es una puerta maciza, es cierto, pero el fin del mundo tiene una voz clara, que traspasa el metal y hormigón, y esa voz te dice cosas que nunca te habían dicho antes, cosas simples y convincentes, cosas que al final te hacen abrir la puerta, y decir: Lázaro, tómame.

Oye, viejo condecorado.– Oye, viejo condecorado, apártate de una vez por todas. Hay una razón por la cual los taxis no te llevan: tu fe es demasiado antigua, y solo hablas de decapitaciones que no interesan a nadie. Aquellos toros que otrora viste hoy están llenos de gorgojos. Las pedrerías que alguna vez regalaste fueron colocadas hace mucho tiempo en casas de empeño que ya ni siquiera siguen en pie. Tú no sigues en pie. Tu silencio nadie lo siente. Tus condecoraciones son ilegibles.

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