Domingo 23 DE Septiembre DE 2018
La Columna

Racismo en la sopa de letras

lucha libre

— Lucía Escobar
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Nos molesta que nos descubran racistas. Algunos se justifican diciendo ¿cómo podríamos serlo? Si aquí todos somos guatemaltecos, hermanos. La misma sangre de atol corre por nuestras venas. Pero, seamos serios ¿en verdad somos todos los guatemaltecos iguales ante la ley? ¿Será que la justicia trata igual a un Arzú que a un Cuyuch? ¿Tienen las mismas oportunidades los niños del Área Ixil que los capitalinos? ¿Nunca han escuchado a nadie hablar de mejorar la raza? ¿Cuántos buscan en el espejo los rasgos del abuelo europeo que les garantice algún rancio abolengo? ¿Cuántos presumen de su mancha mongólica?

Hay quienes afirman que no existe el racismo puesto que no existen las razas como si la discriminación y las agresiones se borrarán rapidámente con un axioma.  Quienes aseguran vivir en ese mundo ideal, nunca han vivido el racismo en carne propia.  Son los mismos que opinan que el lenguaje está bien como esta; que decirle “no seas india, vos María” a alguien no tiene nada que ver con un insulto; que cuando se dice  “se le salió el indio” si lo tomamos con humor y orgullo se neutralizan mágicamente años de opresión.

Es fácil decir que no hay racismo en Guatemala desde el tacuche de capitalinos, criollos, ladinos. Se niega que exista el racismo cuando nunca hemos visto cómo se burlaban del poco español de la abuela quiché. Es bien bonito usar güipiles cuando para nosotras significa una excursión al mundo maya, al que podemos entrar cuando nos conviene para tomar lo que nos gusta; los colores, los tejidos, los diseños. Pertenecer al lado opresor de la historia nos permite quitarnos el traje en el momento en que queremos para volver a hacer uso de nuestros privilegios. No es malo usar güipiles, ni es lo que nos reclaman nuestras hermanas indígenas. Desde la curiosidad y el respeto por nuestra tierra, usemos estas prendas pero como un compromiso real y serio de cuestionar la estructura que sostiene la desigualdad en el país.

Si me dicen: tu comentario es racista (y me ha pasado) no debo brincar y negarlo aunque me muera de vergüenza admitir que a mí también se me “sale lo ladina”. Ofender sin mala intención, no nos redime pero si puede motivarnos a escuchar y entender las razones del otro, y así intentar no volver a hacerlo. Disculparse y redimirse también es necesario.

Que no nos extrañe ver actos de racismo hasta en nuestras burbujas intelectuales más queridas. Es dificil desaprender la cultura dominante. Acabamos de vivir un genocidio. Hay racismo hasta en la sopa de letras. No nos hemos recuperado de la propaganda ideológica que acompañó ese intento de exterminio de la cultura maya. Confundimos el respeto con el folclor y la identidad con la pigmentación.

Hay gente que tiene claro su origen étnico: trepan en el árbol genealógico y trazan la ruta de su historia. Otros somos identidad en construcción.  Me gusta pensarme como ciudadana de la vía láctea: mestiza, una china colocha maya gitana, como ese maíz tan diverso que tiene granos blancos, amarillos, rojos y negros.

@liberalucha

 

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