Sábado 17 DE Noviembre DE 2018
La Columna

Carta abierta al vocero de la Marro (y 2)

EL BOBO DE LA CAJA

— Andrés Zepeda lacajaboba@gmail.com
Más noticias que te pueden interesar

(Concluyo, en los párrafos que siguen, mi reacción al texto publicado en este diario por Luis Figueroa hace tres viernes).

Te decía, colega, que a mi criterio la forma de contrarrestar el secuestro de la política no es aboliendo el Estado (del mismo modo que una migraña no se cura decapitando al paciente) sino, todo lo contrario, fiscalizándolo, interviniéndolo. La clave, pienso yo, es transitar del enajenamiento vegetativo a una participación airosa y beligerante en nuestra calidad ya no únicamente de productores/consumidores, sino de ciudadanos en pleno uso de nuestros derechos constitucionales.

“¿Por qué no hay oportunidades?”, preguntás en clave retórica antes de brindar algunas joyas granadas de tu propia cosecha: “Porque el Código de Trabajo impide la flexibilidad laboral”. “Porque los de CODECA roban energía”. “Porque aquí no se respeta la igualdad ante la ley”. “Porque la ONU socava el desarrollo económico”. Por todo eso es que, según vos, “se va la gente” en estos tiempos de crisis migratoria.

En apego a la precisión se me hace difícil no matizar algunos puntos:

Uno. La gente migra por falta de oportunidades, ya lo creo que sí; pero ese hándicap tiene su origen a) en una estructura económica híper concentrada donde apenas 260 individuos acumulan, solito ellos, el 56% del producto interno bruto del país, y b) en un régimen de propiedad de la tierra en el que el 8% de la población dispone del 80% de los suelos cultivables. Mientras tanto, en lugares remotos y olvidados donde no hay cableado eléctrico ni escuelas ni centros de salud, más de la mitad de los guatemaltecos dependen de siembras minúsculas y precarias para no morir de hambre.

Dos. El Código de Trabajo impide la flexibilidad de horarios, cómo no; pero, por favor, ¿de qué estás hablándome, si la ley laboral ni siquiera se cumple? Ahí les va esa papa caliente a tantos empleadores que de un tiempo para acá lucen alicaídos, ojerosos, consternados porque en Guatemala no se garantiza el Estado de derecho.

Tres. Los de CODECA roban energía, ajá, y eso es algo que no tengo la menor intención de justificar; aunque sí puede explicarse en razón del servicio fluctuante (cuyos efectos se traducen en miles de refrigeradoras y estufas y demás electrodomésticos fundidos por sobrecarga eléctrica) y los cobros abusivos primero de Unión Fenosa (DEOCSA-DEORSA), hoy ENERGUATE.

Cuatro. Decís que aquí no se respeta la igualdad ante la ley, y al hacerlo das justo en el clavo, ya que si algo queda claro en esta patria del criollo es que la dichosa imparcialidad jurídica viene ignorándose desde el día mismo de la firma del acta de independencia. En otras palabras, Luis, aquí la condición de privilegio de unos pocos ha sido cimentada a expensas de pisotear históricamente los derechos más elementales de las mayorías. Deberías saberlo.

Cinco. Ignoro hasta qué punto cabe reprocharle a la ONU el socavar nuestro desarrollo económico. Si te referís a la CICIG, supongo que no andás tan extraviado; pero, otra vez, al omitir el contexto parece como si quisieras hacerle trampa a tus lectores. Porque, a ver: siendo la CICIG resultado de un esfuerzo cuyo propósito es el combate a la impunidad, ¿cómo no va afectar una economía sistémicamente corrupta, es decir, podrida hasta la médula?

No sé cómo lo ves vos. Me interesaría conocer tu posición al respecto, aunque mucho me temo que apostarás por dejar hablándome solo. Si así fuera, te obsequio una paradoja: en ocasiones hacer mutis es la más reveladora de las respuestas.

Bye.

Etiquetas: