Viernes 21 DE Septiembre DE 2018
La Columna

Fútbol en la literatura

Viaje al centro de los libros.

— Méndez Vides
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El fútbol atrae tantas pasiones, que la literatura ha tenido que abordar el tema de suyo, y en Latinoamérica tenemos famosos exponentes, como el argentino Oswaldo Soriano, el uruguayo Eduardo Galeano, el mexicano Juan Villoro, y aquí en Centroamérica tenemos a Sergio Ramírez, quien por las particularidades de Nicaragua nos cambió la movida al béisbol, pero es lo mismo. La ficción recrea las pasiones del deporte rey, aunque en realidad se esté hablándonos de la condición humana. Y para ser aún más radicales, vayámonos a la Filosofía, donde para explicar el significado de la obra de arte, Hans-George Gadamer en Verdad y método, analiza la idea del juego en general, en referencia a actores y espectadores: “El espectador ocupa el lugar del jugador. Él, y no el actor, es para quien y en quien se desarrolla el juego. Desde luego que esto no quiere decir que el actor no pueda experimentar también el sentido del conjunto en el que él desempeña su papel representador. Pero el espectador posee una primacía metodológica: en cuanto a que el juego es para él, es claro que el juego posee un contenido de sentido que tiene que ser comprendido y que por lo tanto puede aislarse de la conducta de los jugadores. Aquí queda superada en el fondo la distinción entre jugador y espectador. El requisito de referirse al juego mismo en su contenido de sentido es para ambos el mismo”.

En el libro Cuentos de los años felices, Oswaldo Soriano incluyó los relatos de fútbol que escribió durante los mundiales de 1986 y 1990. La sección se titula Pensar con los pies, que inicia con la memoria del día cuando le presentaron a Maradona. El escritor trató de fingir ausencia ante el ídolo, quien puso una naranja en su cabeza y jugó con ella por todo el cuerpo con gran destreza. Entonces, preguntó: “¿Qué tal?, cuántas veces la toqué con el brazo?”, sabiendo que Soriano lo admiraba. “Nunca”, respondió. Maradona lo corrigió: “Sí, una vez, pero no hay referí en el mundo que pueda verme”. De tal experiencia surgió El penal más largo del mundo. Se lee con tanta pasión como cuando se aprecia un juego virtuoso de estrellas del fútbol.

 

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