Domingo 22 DE Julio DE 2018
La Columna

Carta abierta al vocero de la Universidad Marroquín

EL BOBO DE LA CAJA

— Andrés Zepeda [email protected]
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Escribo los párrafos que siguen en reacción al texto de Luis Figueroa publicado en este diario hace una semana.

Hola, Luis. Nos conocimos años atrás, en un almuerzo para columnistas de elPeriódico. (Bueno, en realidad fue tan sólo un apretón de manos, así que lo de conocernos es demasiado decir). Como sea, de tus ideas y creencias –diría Ortega– tengo una lectura más o menos precisa gracias a las entregas que compartís vía Carpe Diem. Aunque nuestras posiciones rara vez coinciden, te percibo como una persona reflexiva, escrupulosa y bienintencionada, opuesta por principio a venenos y cizañas. Mis pautas de urbanidad no son tan exquisitas como las tuyas, lo lamento; pero calma: tampoco voy a faltarte el respeto.

Se me hace difícil establecer, eso sí, qué tanto de lo que escribís es a título personal y qué tanto lo hacés en apego a la institución que te paga el sueldo. Así de empalmadas veo tus convicciones con las de la UFM –nada malo hay en ello, que quede claro.

Acerca de la crisis migratoria –te cito– es oportuno recordar que los guatemaltecos “se van, arriesgan sus vidas y a sus familias porque aquí no hay suficientes oportunidades para salir de la miseria”. ¡Eureka! Así también lo entiendo yo. Sin embargo, la perspectiva tuya y la mía divergen por completo cuando señalás que “grupos de interés, y políticos y burócratas locales e internacionales insisten en tomar el dinero de los tributarios por la fuerza y desviarlo del sector productivo hacia el sector coercitivo de la economía”.

Vos has insistido montones de veces en que pagar impuestos es un robo a la propiedad privada. Creo captar el quid de tu argumento: es comprensible que algunos, formados en la empresarialidad y el individualismo (y a menudo beneficiarios de patrimonios y privilegios obtenidos por herencia), rechacen desprenderse de lo que consideran suyo y de nadie más. Y es que, por otro lado, ¿quién puede sentir agrado por tributar? ¡Cualquiera en su sano juicio preferiría no hacerlo!

Pero sostener que el pago de tributos equivale a robar me parece excesivo. Hay problemas que no pueden resolverse a escala individual. Desde hace milenios las sociedades numerosas y complejas vienen ensayando modelos de organización en los que los asuntos de interés común se delegan en representantes cuya razón de ser es, precisamente, conducir las riendas de lo público. Esa es, de hecho, la tarea del Estado.

Y la responsabilidad de los ciudadanos, como vos, como yo, es (entre otras) de una parte sufragar con nuestro dinero al Estado para que resuelva todos esos problemas que no pueden solucionarse de manera individual, y de otra parte vigilar la correcta utilización de los recursos que para tal efecto ponemos en sus manos. No hay robo, pues, en el hecho de delegar funciones y tributos… a menos que los delegados traicionen su mandato y hagan piñata repartiéndose lo que no es suyo.

Me parece que la forma de combatir la desnaturalización de la política no es aboliendo el Estado (del mismo modo que una jaqueca no se cura decapitando al paciente) sino, todo lo contrario, fiscalizándolo, interviniéndolo. Transitar de la representatividad desentendida a la participación activa y beligerante.

    (Continuará, creo).