Miércoles 26 DE Junio DE 2019
La Columna

Km. 77 memoria del horror

lucha libre

Fecha de publicación: 27-06-18
Por: Lucía Escobar

Unos tres kilómetros antes de llegar a San Juan Comalapa, entre pinos y cipreses hay un campo cualquiera con una hermosa vista y una historia horrorosa. Entre 1981 y 1988, al lado de la carretera se mantenía un retén militar que paraba buses, camionetas y carros particulares buscando sospechosos. Si te bajaban, nunca más aparecías. No importaba dónde te buscara tu familia ni cuánto. Maestros, catequistas, artistas, campesinos organizados, estudiantes y cualquier persona que podría estar vinculada o sentirse atraída al movimiento guerrillero podía ser detenida y desaparecida con total impunidad.

Pero esposas/viudas, madres y hermanas, desde el mismísimo día que desaparecieron a sus seres queridos, comenzaron a buscarlos en cárceles, hospitales y en esa base militar donde les negaban información y la entrada.

Fue hasta el año 2000, bajo el liderazgo de Rosalina Tuyuc que Conavigua, Coordinadora Nacional de Viudas de Guatemala con ayuda internacional juntó el dinero necesario para comprarle a un militar el terreno para excavar y buscar a más de doscientos desaparecidos.

En el año 2003, las exhumaciones eran acompañadas por muchos miembros de la comunidad que con palas y azadones contribuyeron a abrir casi 1,550 trincheras que permitieron encontrar 37 fosas comunes. Desenterraron 220 osamentas. Durante 2 años, de la tierra brotaron cuerpos petrificados en el horror; mujeres, jóvenes y adultos con las manos amarradas hacia atrás, golpeados, los ojos vendados y el tiro de gracia. Más de 22 degollados e igual número de decapitados. Todo un museo de la tortura.

Gracias al exhaustivo trabajo de la FAFG, Fundación de Antropología Forense de Guatemala pudieron ser identificados genéticamente 48 personas. Al menos seis casos tenían su ficha en el famoso Diario Militar. Las excavaciones se detuvieron. Muchos aseguran que faltan personas por encontrar y que del otro lado de un muro que recién levantaron podrían haber más cuerpos que necesitan ser desatados y desenterrados.

El pasado 21 de junio, Día Internacional Contra la Desaparición Forzada, se inauguró en ese terreno Paisajes de Memoria, un memorial para cobijar 172 osamentas completas, más otras dos con huesos varios (posiblemente de muchos cuerpos quemados). Se hicieron nichos donde descansan temporalmente esos huesos sin nombre mientras las investigaciones continúan. Mujeres artistas crearon murales que narran lo que ahí sucedió. Y en una larga pared blanca se encuentran los nombres de 6 mil 41 desaparecidos que aún se encuentran sin descanso.

Entre esos huesos que una vez fueron personas con familia, sueños y esperanzas, pidió ser enterrado Clyde Snow, el padre de la antropología forense. Su esposa llevó sus cenizas para que acompañara a las víctimas del genocidio. La comunidad, encabezada por las viudas de Conavigua y los familiares de los desaparecidos velaron y enterraron  a los muertos con amor. “Como si fueran los nuestros”, como algún día esperan enterrar a los suyos.

Guatemala, nunca más.

@liberalucha.

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