Martes 17 DE Septiembre DE 2019
La Columna

Mientras los niños lloran

lucha libre

Fecha de publicación: 20-06-18
Por: Lucía Escobar

¿Tienen los objetos más derechos que las personas? Un producto cualquiera, inútil venenoso, hecho en China puede llegar a todos los rincones del mundo, atravesar las fronteras más estrictas y entrar a nuestros hogares sin que a nadie le extrañe y por muy poco dinero.

No tienen la misma facilidad de movilidad las personas. Los pobres no pueden soñar con viajar, no tienen la opción de probar suerte afuera del muro que los contiene. No solo no pueden, sino que ahora se les criminaliza por intentarlo.

Las banderas, las fronteras, las visas y pasaportes son inventos que nos enfrentan. Defendemos un terruño, un ejército, una tela, un color, algo abstracto como una patria. Y comenzamos a olvidar lo importante: las personas, las familias, el mundo, los lazos esenciales que nos hacen humanos.

Desde que Trump llegó a la presidencia de Estados Unidos, a los migrantes centroamericanos se les ha comparado con animales. Así también se les ha tratado. Se les criminaliza por buscar el tan publicitado “sueño americano”.

Este año, Claudia Patricia Gómez González, una joven con 19 años de San Juan Ostuncalco murió asesinada de un tiro en la cabeza por un agente de la patrulla fronteriza de Texas. El Gobierno de Guatemala ni se inmutó, estaban preocupados tratando de expulsar del país al Comisionado contra la corrupción.

Ni este gobierno, ni el anterior, ni ninguno, ha hecho nada por los jóvenes y adolescentes guatemaltecos. Ni una sola política pública, medida o idea que mejore las condiciones educativas, laborales y de seguridad para que den ganas de quedarse aquí. Todo está hecho para que queramos salir corriendo. Hasta las niñas que sufren en sus casas y que son institucionalizadas terminan siendo prostituidas por el mismo Estado y cuando se rebelan contra eso, son quemadas vivas. Y no encuentran justicia.

Una nueva amenaza cae sobre quienes intenten huir del infierno chapín. La nueva forma de interpretar la política migratoria de Estados Unidos, permite que agentes migratorios separen a familias enteras; mandando a los bebés y niños por un lado, y a los padres a la cárcel y de regreso a su país de origen.  Desde que esta ley comenzó a funcionar al menos dos mil niños fueron arrancados de los brazos de sus padres, metidos en jaulas y recluidos sin saber cuál será su destino. Al menos 450 serían guatemaltecos de San Marcos, Huehuetenango, Quiché y Quetzaltenango, de donde son la mayoría de migrantes.

Es probable que nuestro flamante gobierno, encabezado por el inepto de Jimmy y su corte de corruptos, tampoco vayan a hacer nada en esta ocasión (como con la tragedia del volcán de Fuego). Así que nos tocará alzar la voz por esos niños y niñas que lloran lejos de su familia.

Nos tocará gritar bien fuerte hasta que nos escuchen.

@liberalucha

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