Martes 17 DE Septiembre DE 2019
La Columna

Re-construir

lucha libre

Fecha de publicación: 13-06-18
Por: Lucía Escobar

Fuimos testigos del poder destructivo del volcán de Fuego. Sin poder apenas creerlo, sufrimos también la ineficiencia del Estado, específicamente de Conred para hacer frente al desafío que significa, asumir un liderazgo efectivo que salvara la mayor cantidad de vidas en un momento de crisis y confusión. Les quedó grande la chaqueta de coordinadora nacional para la reducción de desastres. Han actuado lento, sin conocimiento, sin protocolos, sin inteligencia, sin responsabilidad, sin estrategia, sin cuidado por la vida de las personas.

Las víctimas de la erupción del volcán de Fuego se encuentran dispersas en distintos albergues privados y públicos. Hay quejas de que los institucionales están hacinados y tienen prácticas represivas y castrenses.  A la gente se le marca, se le impone un horario de entrada y salida. Algunos encargados de refugios se sienten dueños de los damnificados, decidiendo los próximos días de sus vidas, sin consultarles. En esos contextos, también es urgente denunciar y evitar que infantes y adolescentes sufran abusos sexuales o violaciones, tan comunes en situaciones así. Tampoco podemos olvidar a los niños y niñas que sobrevivieron a la erupción y que hoy están huérfanos, sin padres, ni hermanos, ni familiares que vean por ellos. ¿Cómo evitamos que terminen en un orfelinato? ¿Qué maneras existen de cuidar en comunidad? ¿Sería posible esto?

Estos días me he sorprendido con tantas acciones solidarias, hermosas y esperanzadoras que he visto. Como si las tragedias sacaran lo mejor de nosotros. Admiro la seriedad con que muchos se toman el voluntariado: tantas y tantas personas ayudando, organizando, recopilando, dando la mano, pensando a largo plazo, coordinando, soñando con hacer cambios verdaderos. Me llenan de esperanza las miles de manos anónimas que dan y dan con infinita solidaridad; las mujeres que están cocinando tamales, chuchitos, caldos y pasteles para bomberos, rescatistas y víctimas; los amigos de otros países que recaudan, organizan, cuestionan, mandan; las brigadas de voluntarios para rescatar mascotas.

¿Es esto suficiente? ¿Cuánto nos durará el entusiasmo? ¿Cuándo será la próxima tragedia para la que no estamos preparados? ¿Cómo hacemos para no desperdiciar este impulso, esta fuerza constructiva, este inesperado amor por los compatriotas que ha inspirado la tragedia? ¿Existirá algún liderazgo capaz de unirnos bajo mínimas expectativas comunes?

Guatemala es el cuarto país del mundo más vulnerable a los desastres naturales. Es una realidad con la que tenemos que vivir. Ya estaríamos apostando por la ciencia y tecnología para prevenir lo que nos viene, invirtiendo lo suficiente en infraestructura de calidad para cuidarnos, exigiendo líderes capaces, conscientes de su responsabilidad. Estamos en manos de ineptos y eso nos está costando vidas. Ojalá logremos canalizar la rabia y el enojo que nos provoca el sufrimiento de nuestros hermanos para construir un país donde quepamos todos, y no solo unos cuantos.

@liberalucha

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