Domingo 23 DE Septiembre DE 2018
La Columna

Las furias del Volcán de Fuego

Viaje al centro de los libros.

— Méndez Vides
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El sacerdote e historiador antigüeño Domingo Juarros y Montúfar (1752-1820), escribió en el capítulo III del Compendio de la Historia General de la ciudad de Guatemala, lo siguiente: “En los libros del Cabildo del Noble Ayuntamiento de esta ciudad, Cabildo extraordinario del 1º de febrero de 1705, se refiere: que habiéndose enfurecido el volcán que se halla inmediato a esta capital, desde antes de la una de la mañana, no cesando de aterrorizar al vecindario con horribles estruendos y amenazando sepultar la Ciudad, cual otra Hercúleana con una copiosa explosión de cenizas y arenas, en tal abundancia, que ocultando los rayos del sol, habían cubierto la Ciudad de espantosas tinieblas; se trató en este Cabildo, de solicitar se hiciese aquella misma tarde una procesión de rogación, en que se sacasen las milagrosas imágenes del Señor Crucificado, Nuestra Señora del Socorro, que se veneran en la Santa Iglesia Catedral, y que en los siguientes se celebrase un novenario de misas y sermones para que de esta manera apaciguar las justa iras del Cielo”.

Los sucesos del pasado domingo se han dado siempre a lo largo de nuestra historia, y la lectura de los textos históricos, actualmente disponibles digitalizados, nos aproximan a la misma vivencia pasada. La historia de la Antigua Guatemala gira alrededor de los volcanes que la rodean.

El Volcán de Agua ha estado inactivo por muchos siglos, pero las correntadas de agua producto de las tormentas, cuando el cráter se desbordaba, produjo destrucción en diferentes momentos, incluso en los capítulos añadidos a la obra de Bernal Díaz del Castillo está la referencia a la destrucción del Palacio Negro de doña Beatriz de la Cueva, el 11 de septiembre de 1541.

El Volcán de Fuego permanece activo, y las constantes erupciones, acompañadas de temblores y llamaradas nocturnas han sido siempre motivo de atractivo para los vecinos que en las tardes claras observamos la expulsión de volutas, cuando fumando, o de noche apreciamos su brasa encendida que de repente brilla. Pero cuando su furia golpea, trae muerte y desolación, y pasa de curiosidad a motivo de miedo y asombro. El volcán calmado, de repente mata.

La ciudad colonial descansa entre ruinas, a la espera del nuevo desastre, que narrarán los autores de ficción e historia para ser leídos en el futuro por los que vienen.

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