Sábado 15 DE Junio DE 2019
La Columna

¡Rechazados del mundo, unámonos!

EL BOBO DE LA CAJA

Fecha de publicación: 01-06-18
Por: Andrés Zepeda lacajaboba@gmail.com

Este texto va dedicado a los jóvenes, vigoroso segmento de población dilapidándose entre el hedonismo y la apatía, entre el vacío de oportunidades presentes y las grises perspectivas a futuro.

Comenzaré señalando dos problemas graves: el primero es que, en su negligencia supina, los políticos están desperdiciando un caudal transformativo extraordinario al no comprometerse con los intereses de la juventud. El segundo es que nunca antes la humanidad parió una generación tan conservadora como la actual. Y cuando digo conservadora me refiero no a sus poses contestatarias ni a sus golpes de efecto dizque rebeldes (que suelen ser puro relumbrón sin sustancia), sino a la tendencia a acomodarse resignadamente a un orden de cosas cada vez más complejo y volátil.

Hablo desde una posición adulta, pero sintiendo ese torbellino púber e imberbe que irriga mis venas y calienta mi sangre como si aún tuviera 16 años.

Yo también tuve una adolescencia difícil. Ahora que lo pienso, compruebo que aquellos (los raros, los torpes, los patitos feos, los tímidos y retraídos) que fuimos rechazados en esa edad precisa en que la autoestima depende –como nunca antes, como nunca después– de cómo nos juzgan los demás, han sido precisamente quienes más adelante sobresalieron por apartarse de la norma y la mediocridad.

Y es que la desventura, cuando no te mata ni te doblega, te hace más sabio y más fuerte. En mi clase, por ejemplo, el más nerdo y flacucho, blanco de todas nuestras burlas, cosechó después el esplendor del Sueño Americano viviendo holgadamente como especialista de Intel; mientras que el más competitivo y pendenciero vive hoy a salto de mata, entre la angustia y la duermevela, ignorándose su paradero, prófugo de la justicia tras estafar al Estado.

¿Qué tal si todos los rechazados del mundo (jóvenes y no tan jóvenes; pueblos indígenas en el contexto de una sociedad estúpidamente racista, mujeres padeciendo la subordinación y el abuso que les receta el patriarcado, minorías de género en constante persecución y oprobio por el ‘pecado’ de ser diferentes) unimos fuerzas enfocándolas ya no en la victimización ni en el escape ni en el odio ni en la venganza, sino en el objetivo liberador de transformar la realidad que nos constriñe?

Suena muy bonito, pero la tenemos difícil. Algo así sólo podría lograrse convergiendo “todas y todos” en torno al origen de cualquier injusticia: el secuestro de la economía por parte de una élite oligopólica acaparadora y rapaz. El capitalismo de los cuates para los cuates.

¿O acaso es normal que 260 guatemaltecos acumulen, solo ellos, el equivalente al 56% del producto interno bruto del país? He ahí el enemigo a vencer, la madre de todas las corrupciones, la piedra angular de este sistema podrido hasta la médula.

 La tendencia, lamentablemente, apunta en el sentido contrario: la atomización, las banderas particulares, las modas culturalistas, el activismo virtual… y el dorarse la píldora conformando frentes ciudadanos en mancuerna con toda esa ralea de criminales que buscan lavar su imagen –y disimular la obscenidad de sus fortunas– en nombre de la moderación.