Martes 12 DE Noviembre DE 2019
La Columna

Tom Wolfe y el Nuevo Periodismo

Lado b

Fecha de publicación: 22-05-18
Por: Luis Aceituno

Tom Wolfe, el pope del New Journalism estadounidense, murió justo en el año en el que uno de sus títulos más emblemáticos, The Electric Kool-Aid Acid Test, cumple 50 años. Fue lo primero que leí de él, en una traducción bastante libre de ediciones Jucar allá por finales de los años setenta. No tenía mayor noticia de su autor ni muy claro de qué se trataba eso del Nuevo Periodismo, pero leyendo la biografía de los Beatles escrita por Alain Dister me había topado con el dato. Ahí, entre otras cosas, se relataba la noche en que los Merry Pranksters, capitaneados por Ken Kesey, el autor de Alguien voló sobre el nido del cuco y conducidos por el mítico Neil Cassidy, amigo de correrías de Jack Kerouac, llegaban a bordo de un autobús sicodélico para escuchar uno de los últimos conciertos del cuarteto de Liverpool en Estados Unidos. El dato picó mi curiosidad, y quería conocer más sobre esa camioneta destartalada, al bordo de la cual había viajado por toda la Unión Americana un pintoresco grupo que predicaba, con mucho sentido del humor, cuestiones como la gran comunión universal a través de la experiencia sicodélica, el rock and roll, la libertad corporal y de conciencia, en fin, todo eso que había dado pauta al Verano del amor en 1967 y a las primeras comunidades hippies. Bueno, yo vivía en La Antigua Guatemala, estudiaba en un colegio de curas, así que ese tipo de experiencias, que me habían sido negadas, me resultaban en verdad fascinantes.

Y así llegué a Tom Wolfe, a sus libros y al de otros autores, como Gay Talese y Hunter S. Thompson, que me nutrieron en mis inicios en el periodismo. O, mejor dicho, en la escritura. Porque, a decir verdad, los leí a todos más como escritores que como periodistas. Y sus escritos, en principio, me mostraron las posibilidades que podía tener el periodismo en la experimentación literaria. Me explico: Las novelas propiamente dichas de Wolfe, como La hoguera de las vanidades o Bloody Miami, aunque las he leído con cierto gusto, me interesan muy poco, no creo que estén agregando nada a la “Gran Novela Americana”, como el pretendía. Al verdadero Wolfe lo encuentro en sus escritos periodísticos, y si hablamos de literatura es el Wolfe que más me interesa, el narrador poderoso. Tengo esa misma relación ambigua con Truman Capote. Adoro Desayuno en Thiffany’s, pero me quedo con la película. Pienso dos veces cada relectura de A sangre fría (sí, ya sé que es un monumento de la No Ficción, pero no me apasiona). En realidad, todo lo que he aprendido de Capote, se lo debo a Música para camaleones, que es un librito que reúne sus artículos periodísticos menores y que me ha acompañado fielmente desde que lo leí por primera vez, hace casi 40 años.

Lo más importante para mí del New Journalism, fue ese nuevo pacto que intentó implementarse entre literatura y periodismo escrito, en un momento en que este último agonizaba por falta de estilo, de herramientas necesarias, de puntos de vista, para comprender la realidad en todos sus matices, para captar la vivencia desde adentro, para romper con las barreras que imponía el poder y sus discursos oficiales, y hacer de la información un organismo vivo compuesto por una pluralidad de voces. El pacto fue fallido, es cierto, pero quedan varios libros imprescindibles.