Martes 13 DE Noviembre DE 2018
La Columna

El femicida

buscando a syd

— Maurice Echeverría
Más noticias que te pueden interesar

Relájate.– Serás acogido por los ligamentos del infierno: esa seguridad puedo darte. Lo irregular sería que te salvaras, que pasaras a un mundo más delicado –a un paraíso– luego de todo lo que hiciste. Evidentemente así no funcionan las cosas. Por tanto es mejor que te relajes. Arderás.

 

Calle a calle.– Calle a calle, la ciudad de tu cuerpo, con sus riberas obscenas, se borra. Los cajeros automáticos, los infames parqueos, tu luna llena, entre edificios vacíos: todo desaparece. Los rótulos, las cantinas, los car wash. He querido a veces asir tus esquinas húmedas, disparar en la noche de tus avenidas. He querido, mas solo un poco. La verdad es que estoy empezando a sanar. Te olvido.

Diluvio.– Solo el grito de los ahogados dirá ya el tamaño de nuestro crimen. Ha venido el diluvio con su agua infinita, a llevarse los íconos, a incinerar las úlceras de todos los litorales. Al final solo quedarán unos dientes, en las arenas tan borradas, y la sensación de que se vivió por gusto.

 

Vida narco.– Al único que alcancé a reconocer entre el sangrerío es a Rubén. Los demás ya ni rostro tenían. Este es el trabajo. Esta es la vida narco.

 

Náufrago.– Líneas que nadie leerá, que yo sigo escribiendo. Copas rotas de antemano, tigres dibujados en el aire, señas errantes que un loco lanza a una concurrencia perfectamente inexistente. Del otro lado de los mares, náufrago canta, en isla vacía.

 

Brandy.– Esto no es como una de esas películas en donde alguien tiene un brandy en una mano y dice algo rítmico y ominoso y justo antes de matarte.

 

El latido.– El viejo mago construyó un latido, pero al latido le faltaba un pecho. En el cementerio el nigromante encontró un cuerpo, ahí puso la delicada, la sutil palpitación. El cuerpo se alzó, entre figuraciones violentas, caminó unos pasos, cayó desplomado. El latido, huérfano de nuevo, se inmoló en el aire.

 

El femicida (1).– He pensado en matar. He pensado en tomar un palo con clavos y estrellarlo contra la frente de una desconocida. He vuelto a pensar en su cuerpo arrastrándose por el piso, hasta el corazón anónimo de su desesperación. He vuelto.

 

El femicida (2).– Soy el que te está viendo, el que está viendo tus cosas de carne, mientras tú, la que no sabe, no ves. Con una piedra cruel en la mano, y una rata inteligente en el bolsillo, me apego a tus horarios, protocolos, a tus inocentes, recurrentes pasos. La fuerza mayor que te intercepta en el parqueo, sí. Tu cárcel, soy tu cárcel.

 

El femicida (3).– A manera de disculpa diré que estaba drogado, que la pistola parecía de mentira y ella un juguete, algo de plástico, algo que no muere.

 

L.– Había algo de enfermo y lumbar en la manera en que L trabajaba. Aunque su cuerpo necesitase agua, L no bebía nada; solo tecleaba. Su abogado constantemente lo llamaba al celular, para aclarar su testamento. Pero L no pensaba en su testamento. Cada cierto tiempo un hilillo de sangre bajaba de su nariz. L lo ignoraba.

Etiquetas: