Lunes 22 DE Abril DE 2019
La Columna

¿Votar o no votar?

follarismos

— Raúl de la Horra

Estas elecciones que tendrán lugar mañana para decidir si estamos o no de acuerdo con que un Tribunal Internacional dirima en un futuro hipotético los conflictos territoriales que tenemos con Belice, han desatado confusión y polémica en el país, tanto a favor como en contra, de fondo y forma, sobre cuestiones de finalidad y/o de procedimiento. De cierta manera, este es un ejemplo más de los millones de episodios que, desde el plano microscópico al macroscópico, alimentan la idiosincrasia nacional y evidencian nuestra dificultad casi patológica para discutir con serenidad sobre cualquier tema, ponernos de acuerdo y tomar decisiones.

Hasta que nuestra Corte Suprema de Justicia dictaminó –acertada o equivocadamente– que las elecciones eran legales, es decir, hasta esta semana, yo estaba convencido de que no iría a votar, porque este asunto me parecía una farsa, que es el sentimiento que me asalta cada vez que el gobierno –cualquier gobierno nuestro– o cualquier personaje notable de la política, o del Congreso, o del mundo empresarial, abre la boca. Pero luego de enterarme de que si esta votación arroja un resultado negativo, tendrán entonces que repetirse las elecciones en el futuro hasta que gane el SÍ, entonces, ¿para qué estarlas repitiendo? Inclinemos de una vez la balanza mañana –es una cosa de pragmatismo puro–, y veamos qué decide Belice cuando le toque. Se supone que a Belice también le interesa resolver, de una vez por todas, las diferencias que tiene con nosotros.

La argumentación sobre la inconstitucionalidad de estas elecciones no la entendí. Comprendo, sí, que la búsqueda de soluciones tanto de fondo como de procedimiento acerca de nuestras diferencias con Belice pudo haber sido hecha antes y de mejor forma, pero nos encontramos ahora ante una situación que es lo que es, y no valen los “si hubiéramos” o “debimos de”, porque los dados ya están echados. ¡Yo también podría decir que debimos haber hecho tantas cosas, pero no las hicimos desde que fundamos esta caricatura de país! He leído y oído los farragosos, barrocos, indigestos y cansones argumentos que hablan de inconstitucionalidad, pero si uno quisiera ser más papista que el Papa, resulta que aquí casi todo sería o es anticonstitucional, puesto que la Constitución dice que el Estado es el garante del derecho a la vida, a la seguridad, a la educación, a la salud, a la igualdad de los ciudadanos ante la ley, etcétera, ¡pero nada de eso se cumple!  O sea, tenemos una Constitución en la estratosfera y un país por los suelos. Y entre ellos, montañas de verborrea.

Las personas que han sido engañadas o se han engañado solas creyendo que gracias a estas elecciones Guatemala recuperaría territorios beliceños, que se desengañen: a lo único que podemos aspirar, si la contraparte está de acuerdo, es a delimitar con claridad, de una vez por todas, la frontera que nos separa. Es el verdadero y único problema, y nos conviene a ambos resolverlo. De manera que cuando los beliceños hagan su elección, es deseable que estén informados y muestren su acuerdo para que, por fin, podamos desarrollar relaciones de concordia, de intercambio y de enriquecimiento mutuo. Porque alimentar nacionalismos antropófagos no tiene ningún sentido, como no lo tiene estar lloriqueando por el novio o la novia que nunca tuvimos.

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