Lunes 19 DE Noviembre DE 2018
La Columna

Horacio Castellanos Moya

Viaje al centro de los libros.

— Méndez Vides
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La obra del escritor salvadoreño Horacio Castellanos Moya continúa creciendo en aceptación, ganando lectores y adeptos, y lo hará más ahora que saltó de Tusquets a la editorial Random House, casa que está lanzando al gran público toda la obra del salvadoreño bajo el sello Literatura Random House, en ese formato característico en blanco y negro, que deparan a autores notables. La editorial está apostando por Horacio, lo que es digno de mención y orgullo para la región.

En el mes de marzo se lanzó internacionalmente la más reciente novela de Castellanos Moya, Moronga, extraordinaria obra de largo aliento, que pronto estará llegando a nuestras librerías, con una etiqueta celeste donde lo anuncian citando al The New York Times Review of Books como parte del “segundo boom de la literatura latinoamericana”, cuando pienso que en realidad lo que se anuncia es el primer boom de la literatura centroamericana, porque nunca antes se había visto en las librerías mundiales a tantos autores de la región. El más notable es el nicaragüense Sergio Ramírez (Alfaguara), ganador del premio Cervantes; de Guatemala están Rodrigo Rey Rosa (Alfaguara) y Eduardo Halfon (Libros del Asteroide); de El Salvador, Horacio Castellanos Moya (Tusquets y ahora Random House), quien acaba de dar un salto gigantesco; y de Costa Rica, la sorpresa parece ser Carlos Fonseca (Anagrama), con su Coronel Lágrimas y el Museo Animal. Autores relevantes hay muchos más, pero menciono a los que se exhibe en las librerías de las grandes capitales de nuestro idioma. La señal es muy buena, y nuestros países podrían utilizarlo como palanca para mostrar también nuestro lado bueno. Falta un investigador gringo o europeo que publique un libro para bautizar este movimiento imprevisto y espontáneo.

Para el mes de abril se anuncia la aparición de la novela El asco: Thomas Bernhard en San Salvador, la primera novela que hizo popular y malquerido a Castellanos Moya en su tierra natal, porque desde la primera página el protagonista escupe sobre los signos de la nacionalidad, las pupusas y la cerveza Pílsener. La gente no entendió que se trataba de Literatura, y reaccionaron como mancillados cuando en realidad se hizo trascender su simbología. En mayo será otro libro, y así sucesivamente. La próxima comentaremos sobre Moronga, novela que es un verdadero deleite.

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