Lunes 10 DE Diciembre DE 2018
La Columna

Hormigas

buscando a syd

— Maurice Echeverría
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Soltaré mi halcón.– Soltaré mi halcón. Volará por la planicie eterna, con inteligencia, con elegancia, y muy pronto reconocerá a su víctima. Entonces bajará con increíble rapidez, acercándose fluida a su propia sombra. Su propia sombra, ya sobre ti. Así es: tú eres su víctima. Tú eres mi víctima. Mi halcón te sacará los ojos.

Lamento del manco.– Vuelve. No te vayas. No me dejes solo. Osa no retirar tus cinco ansias de aquí. Regresa a este muñón que dibuja un hambre sin forma. Tú eres mi mano. Además la derecha.

Mujer caminando en la playa.– Una mujer en la playa camina sobre la arena derramada. Todo lo que se diga de ella, de la arena, es bastante insuficiente, y todo lo que se diga asimismo de la mujer. La mujer: no queremos palabrearla excesivamente. ¿Y sin embargo cómo no hacerlo? Vamos a decir que su andar es limpio, que sus pasos se posan sobre el instante tendido, con radiante elegancia crepuscular. A la vez diremos que parece triste, como exiliada de alguna región que jamás la mereció. Ya acarreados por la poesía, diremos que es como si la tarde se negara a cerrar el acta, eso con tal de acompañarla un rato más. La mujer es a todas luces excepcional. En quince minutos será asesinada.

El invisible.– El terror no es que te vean a escondidas. El terror es ver desde lo oculto, y jamás ser visto.

Los cruzacalles.– Nadie contravenga el orden dinámico de los cruzacalles. Nadie se atreva a quedarse parado en el paso cebrado. No es que los cruzacalles sean esencialmente malignos. De hecho pueden ser incluso deferentes, en su frialdad. Y son extremadamente eficientes, eso quien lo duda: conocen cosas esenciales respecto al tiempo y el espacio. Lo intrigante, sobre todo, es su manera de funcionar: como un solo organismo inteligente. Cada cruzacalle es la sílaba fluyente de un lenguaje colectivo. Eso sí: que a nadie se le ocurra permanecer inmóvil en medio la calle. Porque entonces será arrollado, y luego destruido a mordiscos.

Hormigas.– Me di cuenta que tenía un agujero en la mano. Del agujero adicionalmente salían hormigas. Observé lo gordas, grandes y diligentes que eran. Ni decir que el asunto todo me pareció fascinante. Lo mismo que estar en una película surrealista.

Hule.– Tu amor es de hule, tus dedos. La refrigeradora es de hule. De hule las ventanas. Y las vacas, las gallinas. Los parquímetros, de hule. El emblema es hule puro. El polvo es polvo de hule. El acordeón, hule también. El hule, un hule especial, que se enrosca en el hule. Los ayeres, todos de hule. Las albas. Las puertas. Mi madre es de hule. Tu torso es de hule. Los ríos son de hule. Todo lo demás es plástico.

El cuarto.– Dentro de tu cuarto hay un pequeño cuarto, y dentro de ese cuarto hay un cuarto tercero. Ahí te encuentras y te cuesta mucho respirar. Y eso es porque en el cuarto de al lado, ya estás muerto.

La espada perfecta.– Hoy he forjado la espada perfecta. Es capaz de dividir los días y los soles. Poderosa y vitriólica: ligera como un ala. Por fin cortaré este cordón umbilical.

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