Lunes 19 DE Noviembre DE 2018
La Columna

El hombre de los anteojos

Lado b

— Luis Aceituno
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Dos o tres cosas me llamaron la atención de la alocución de Jimmy Morales en la reunión anual en Washington del Comité Estadounidense-Israelí de Actividades Políticas (Aipac). La primera es lo bien que le quedan los lentes Carolina Herrera, al extremo que uno se ve tentado a olvidar el exorbitante precio que la SAAS pagó por ellos. Algo así como Q21,900 o más, ya no me acuerdo. Todo para que el presidente pueda leer sus notas sin dificultad cada vez que deba asistir a reuniones internacionales, de esas en las que habla de Guatemala como si estuviera vendiendo paquetes vacacionales: Tierra de montañas, de ríos, de antiguas civilizaciones… la verdad le faltó aquello “del sol, de las guapas mujeres y de la marimba”, para darle más color local a sus palabras. Ya lo sabemos, Jimmy es la composición escolar convertida en discurso político. De haber nacido bajo el régimen de Estrada Cabrera, hubiera sido de esos patojos que ponían a hablar en las Minervalias, el alumno ideal para recitar loas al Benemérito Padre de la Patria. Es una lástima, en verdad, que unos anteojos tan caros no le sirvan para ampliar su mirada sobre el país en el que vive y que por un catastrófico fallo del sistema le tocó gobernar. Su visión de la realidad es estrecha y en eso la señora Herrera de los dichosos lentes, supongo que no tiene ninguna culpa.

“Mi gobierno, en dos años, -dijo Morales en su intervención del domingo en la Aipac- ha incautado 30 mil kilos de cocaína y ha erradicado más de 420 millones de matas de amapola y marihuana, esos datos son más de lo que los dos gobiernos anteriores hicieron en ocho años”, una declaración que por supuesto merece los aplausos que le concedieron. Lo que no comprendo entonces es cómo estos resultados, a todas luces dignos de celebración, lo llevaron a destituir a Francisco Rivas, su antiguo Ministro de Gobernación, a quien en todo caso correspondería el mérito. No contento con esto, también destituyó a todo el mando central de la Policía Nacional Civil, es decir, a los que han puesto el pellejo para que él pueda presentarse en público como el adalid de la lucha contra la criminalidad.

Otra línea que no tiene pierde: “Y es importante que ustedes sepan que tan solo esa erradicación de amapola impidió que más de 22 millones de personas pudieran ser afectadas por el uso de esa droga, por lo que podemos decir que estamos protegiendo a millones de ciudadanos norteamericanos…”. Semejantes tonterías lo dejan a uno sin palabras. Vamos a ver: Aparte de que la amapola no es una droga (tal vez se refería a la heroína, que sí lo es), el hombre capaz de proteger a 22 millones de estadounidenses, canadienses y mexicanos (dijo norteamericanos, fue lo que entendí), labor digna y encomiable, como para que a uno lo reciban con honores en la Liga de la Justicia al lado de Batman y la Mujer Maravilla, fue incapaz de proteger a las 41 niñas que murieron calcinadas en el Hogar Seguro Virgen de la Asunción, las cuales sí se encontraban bajo su responsabilidad directa. Aunque miento, no las protegió a ellas, pero a sus cancerberos sí.

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