Miércoles 26 DE Junio DE 2019
La Columna

Disonancias a la tortrix

follarismos

Fecha de publicación: 27-01-18
Por: Raúl de la Horra

El otro día mencioné el fenómeno de las disonancias cognitivas. Este fenómeno se refiere al desfase que hay entre lo que pensamos y creemos y lo que realmente hacemos, lo cual produce cierto malestar interior que luego disimulamos inventando excusas o racionalizaciones que justifican nuestra incongruencia y tranquilizan nuestra conciencia. En este sentido, Guatemala es uno de los bastiones mundiales de la disonancia cognitiva, porque aquí se piensa o afirma masivamente una cosa y se termina haciendo lo contrario, sin que ello conmueva ni a los volcanes.

Las disonancias las vemos en acción en dos extremos de la actividad social: Primero, entre aquellos delincuentes que han cometido crímenes de diversa naturaleza, pero que al ser incriminados, elevan los ojos al cielo afirmando que Dios es testigo de que ellos son unas santas palomas, para a continuación, con una sonrisa típica de personalidades no solo limitadas intelectualmente, sino moralmente jueputas, declarar que todo es un complot en su contra. Uno creería que en este nivel se encuentra, sobre todo, esa gente “shuma” tatuada y sin escrúpulos que nos mira desde las rejas con ojos desafiantes, haciendo feas señas con los dedos. Pues no señor, resulta que también están –y en proporción vertiginosamente creciente– los delincuentes de cuello blanco hijos de familias “bien”, cristianos a más no poder, políticos, empresarios e ideólogos, que han consagrado su energía y tiempo a estrujar las tetas del Estado para beneficio propio y que, al amparo de la impunidad, han explotado y/o corrompido a cuanta persona se cruzaba en su camino.

El otro extremo de la actividad social en el que vemos las disonancias multiplicarse como piojos es el de la gente común y corriente que no necesariamente es corrupta, pero que al ser ignorante y con fuerte mentalidad mágica, se deja manipular por las grandes redes controladas por los medios de comunicación y las iglesias, por centros de poder económico (CACIF), por universidades privadas y tanques de pensamiento neoliberal que defienden y propagan las ideologías más conservadoras y antisociales. Esas almas, sin tener precisamente vela en el entierro, salvo como observadores y víctimas, repiten como papagayos los prejuicios que las mafias económicas y sus portavoces lanzan sin consistencia contra las investigaciones hechas por el MP y la CICIG, afirmando que las mismas son “selectivas”, que se han ideologizado a favor de “la izquierda”, que la justicia ha sido “politizada” y que “no hay pruebas” suficientes contra los acusados, porque “casi no hay condenas”.

Todo esto lo deja a uno atónito y temeroso. En las redes sociales se lee tanto odio, tanta rabia, tanto resentimiento, que dan ganas de salir corriendo. Las acusaciones más falsas y enfermas provienen de gente de derecha que, junto con la derecha de Colombia, Cuba y Venezuela, es probablemente la más imbécil, inculta y peligrosa de América Latina. No sé a dónde iremos a parar, pero tengo el presentimiento de que no les estamos heredando nada bueno a nuestros hijos. Que el futuro, de una manera, aún peor de lo que nos sucedió a nosotros, les caerá de pronto como un pastel de mierda sobre el rostro.