Domingo 23 DE Septiembre DE 2018
La Columna

Javier Marías

Viaje al centro de los libros

— Méndez Vides
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La novela Berta Isla de Javier Marías fue mi primer banquete del año. Más de quinientas páginas de sensaciones intelectuales, reflexiones y desarrollo del acontecer de la vida impuesta a los protagonistas, asumida por necesidad o convicción, pero que al final estalla en la nada. Es una metáfora del viaje de la vida. ¿Hicimos en nuestro tiempo lo que quisimos o lo que se nos impuso? Porque el relato se refiere en pasado, es una historia de búsqueda de signos y claves. Ahora bien, no es lo mismo que la circunstancia nos determine el destino, como sucede con Berta Isla (protagonista femenina), a que fuerzas humanas elijan intencionalmente para Tomás Nevinson (protagonista masculino), que se lo engañe y empuje directamente al altar de sacrificio, para que obre en silencio sin ser advertido ni indispensable, mientras el mundo continúa girando.

Berta es la mujer que espera como la nueva Penélope la vuelta triunfante de Ulises (lleno de aventuras y experiencia acumulada), pero Tomás retorna herido, confundido, con una pistola lista en el abrigo para defenderse, temeroso de venganzas y escondiendo celosamente la memoria secreta de su travesía, porque nunca nos enteraremos los lectores de los hechos violentos que transcurrieron durante las guerras en las que Tomás participó o evitó.

Creo que esta novela podría identificarse como la anti-Odisea contemporánea, porque repite mucho la estructura del clásico, pero callando la acción, dejando para la narración apenas los silencios, las sombras y las huellas de por ejemplo una herida en el rostro borrada por la cirugía estética. De su recorrido apenas nos enteramos de sus años en Oxford, cuando es reclutado, y luego cuando se esconde en un pueblo inglés, como maestro de púberes y se une a una sencilla enfermera de clínica dental, a quien abandona con la hija querida, para regresar para tratar de recuperar su primera identidad, esposa y dos hijos que no lo conocen ni lo esperan como Telémaco a Ulises.

Lo sorprendente de la técnica del autor español es la audacia para mantenernos prendidos a una historia velada, mientras profundiza en el alma de Berta. Un bello relato, lleno de citas de Eliot, pasajes de los dramas de Shakespeare y novelas de Balzac, conmovedor y asombroso.

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