Martes 13 DE Noviembre DE 2018
La Columna

El informe del Presidente de la República

Lado b

— Luis Aceituno
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Un punto que hubiera sido interesante, o al menos curioso, dentro del reciente Informe de Gobierno, es que Jimmy Morales nos hubiera mostrado las estadísticas de las veces que ha repetido en público que él es el presidente de la Republica. Yo le llevaba la cuenta, pero la perdí, me dio hueva o ya me fue imposible seguirla. Tanta insistencia en recordarnos su condición, al final se vuelve sospechosa. A quién diablos se está dirigiendo, cuando henchido de puritito coraje, dice retadoramente: “Yo soy el Presidente de Guatemala”. Eso, pese a la proverbial falta de memoria de la que hacemos gala, creo que nos quedó muy claro desde que lo anunciaron por la tele, al final de la segunda vuelta de las elecciones de 2015. No voy a decir que es imposible, pero sí que cuesta olvidarlo. Es como una punzadita en el estómago, cada vez que uno lee los diarios o mira los telenoticieros. La verdad, todos hemos comprendido, para bien o para mal, que él es el Presidente. Menos él, parece, que talvez espera que a fuerza de repetición le entre por fin en la cabeza. Como aquellas infames planas que lo ponían a uno a escribir como castigo en la escuela primaria: “Debo comportarme bien, porque soy el Presidente de Guatemala”. Cien, doscientas, quinientas veces…

Frente a los problemas jodidos de la vida, dicen los psicólogos, uno se refugia en la negación. Esto no me está pasando a mí. Y vaya si ser presidente de este país, no es un problema verdaderamente jodido. Sobre todo para él, que andaba medio de bocón por ahí, tratando de impresionar a saber a quién: “Es que yo fui candidato a presidente…”. Bueno, la típica historia del fanfarrón de barrio. Supongo que lo que esperaba era aumentarle algunos ceros a su cuenta corriente, pero el chiste le salió mal –fatal para un cómico de profesión– y de pronto se vio al frente de todo este relajo, enarbolando valores de los que no tiene la más mínima idea ¿Cómo fue que dijo? Ah, desarrollo ¡Háganme ustedes el favor! ¿Qué tipo de desarrollo podemos esperar de un gobierno que no es capaz siquiera de hacer un informe, ya no digamos serio, sino coherente de sus labores? ¿De un presidente que cree que gobernar es convertir sus rencillas personales en políticas de Estado? Juventud, educación, salud, ¡cultura!… No, si lo único que le faltó decir es que con su ayuda y la de Dios, la selección nacional va a ganar el Mundial de fútbol. Lástima que la FIFA nos desconoció. Por corruptos, creo yo.

Lo bueno de los informes presidenciales es que, si uno sabe leer o escuchar entre líneas, nos dan la medida exacta de la relación que tienen los gobernantes con la realidad. Esto, además de una idea del respeto que le guardan a las instituciones y a la ciudadanía. Y a sí mismos. Por lo general, parten de la idea de que los guatemaltecos somos pobres de entendimiento y que por lo tanto nos tragamos cualquier cosa. Una maraña de estadísticas indescifrables que intentan hacernos creer que, pese a que se dejó calcinar, con total indiferencia, a 42 niñas bajo protección del Estado, el Presidente y los suyos trabajan arduamente por el desarrollo de la juventud, futuro de la Patria.

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