Viernes 15 DE Noviembre DE 2019
La Columna

Paisito

follarismos

Fecha de publicación: 06-01-18
Por: Raúl de la Horra

Visto desde mi experiencia personal, la educación artística en escuelas y colegios de Guatemala, tanto públicos como privados, la más de las veces fue un chiste. En lo personal, no recuerdo que alguno de mis compañeros de infancia y adolescencia haya aprendido a tocar con soltura algún instrumento o se haya motivado, gracias a las clases de artes plásticas, de música y de otras disciplinas, a seguir estudios o a ejercer una profesión vinculada al arte. En realidad, entre los sectores medios urbanos guatemaltecos, el arte tenía casi siempre mala reputación, y quien manifestaba inclinación por las diferentes disciplinas artísticas era fácilmente catalogado por los propios padres y compañeros de “invertido” o de “maricón”, y en el caso de las chicas que se interesaban a la danza o al teatro como futura profesión, de “putas”.

Mi profesor de música en el Liceo Javier fue el insigne compositor y médico Felipe de Jesús Ortega, hace mil años. Pero tuve la mala pata de que, desde niño, él me pusiera en el grupo de los “desafinados”, así que de allí pa’lante, todas las clases de música, tanto en la primaria como en la secundaria, fueron para mí una tortura, pues me la pasé mirando con cara de tonto, en compañía de otros compañeros igualmente “deficientes”, cómo los “buenos” cantaban en el coro o aprendían los rudimentos de algún instrumento. Con el tiempo, al abrirme a vicios e idiomas, descubrí que no era tan desafinado como me lo habían hecho creer, y que de hecho tenía buen oído y sentido del ritmo.

Ahora, de pronto, se desencadenó tremenda algarabía en las redes sociales porque aparentemente, el Ministerio de Educación ha eliminado las clases de música y de artes plásticas en el pénsum de formación escolar, y uno descubre asombrado que hay toneladas de guatemaltecos que venderían su alma por estas disciplinas. Aunque más que quitarlas, lo que creo haber entendido es que el Ministerio quiere meterlas en un área general denominada “Formación y expresión artística”, operación que se presta a todo tipo de manipulaciones para recortar presupuestos y maestros en esa área, y volverla así, menos “onerosa”. Yo intenté darle una leída a uno de los documentos en cuestión (http://cnbguatemala.org/index.php?title=Bienvenidos _al_Curr%C3%ADculum_Nacional_Base&tour=inicio) y al <cnbguatemala.org>, pero no entendí mayor cosa entre tanto bla-bla-bla académico. Lo que noté es que está elaborado por técnicos que conocen bien la jerigonza de las disciplinas cognitivas, con un inmenso cuidado para ser políticamente correctos frente a las teorías de género y las temáticas indígenas. Todo esto, desde luego, no conducirá sino a crear más analfabetas funcionales.

A veces me dicen que soy muy amargo y poco propositivo, lo cual no es cierto. En muchas ocasiones he afirmado que la única solución a largo plazo para el país es una reforma educativa en profundidad. Sin embargo, pocas personas entienden lo que eso significa. Y significa crear un Estado fuerte y relativamente autoritario con medios suficientes para, bajo la dirección de una coalición de fuerzas políticas, construir miles de escuelas, abrir caminos y carreteras que permitan acceder a las escuelas, formar a miles de profesores, edificar clínicas de salud, crear fuentes de trabajo, asegurar viviendas dignas, etcétera, en un lapso de 30 años. ¿Saben ustedes cómo se llama eso? Eso se llama: hacer una revolución. Pero en Guatemala, cuando uno pronuncia esta palabreja, es mejor “hacer sho”, porque todavía hoy, te pueden meter una bala en la cabeza.