Viernes 7 DE Agosto DE 2020
La Columna

De piojos e ideologías

follarismos

Fecha de publicación: 09-12-17
Por: Raúl de la Horra

Estamos infestados de piojos mentales. Los piojos, en este caso, son la miríada de prejuicios y creencias erróneas que tenemos sobre tantas cosas: sobre la vida en general, sobre la sociedad, la economía, la cultura, la política, la moral, la religión, pero también, más concretamente, sobre la crianza de los hijos, sobre el amor conyugal, la familia, el éxito, el trabajo, la salud mental, la honestidad, la integridad, etcétera. Anidan en nuestras cabezas y se meten en nuestros cerebros chupándonos la sangre y la energía, devoran nuestras ideas, nuestra curiosidad vital y nuestra capacidad de pensar por cuenta propia.

Estos animalitos surgen casi espontáneamente en lugares iletrados y oscuros, en los que la falta de claridad, la ausencia de lecturas y de debate intelectual en un contexto de ignorancia generalizada, hacen que uno termine pensando y creyendo cualquier mierda. Colonizan nuestro entendimiento, se reproducen a pasos agigantados y van infestando otras cabezas, hogares, instituciones, gobiernos, hasta abarcar a toda la sociedad. Entonces ya nadie se da cuenta de la infección, puesto que  se ha vuelto normal pensar idioteces, o más bien no pensar, de modo que nos sentimos bastante confortables –el equivocado es siempre el otro–, y andamos felices, puesto que al ser piojos prácticamente invisibles, nos creemos limpios de porquería, ya que el ojo nunca puede verse a sí mismo, a no ser que alguien lo examine desde afuera.

Es en el ámbito de la economía política donde más piojos hay, porque allí la intolerancia, los prejuicios y el desconocimiento, así como las reacciones viscerales, son la regla. Produce estupor leer en las redes sociales o en los periódicos a gente supuestamente letrada e inteligente que, desde posicionamientos clasistas, racistas y a menudo machistas, expresa tamañas imbecilidades sobre los diferentes enfoques y resultados, no todos negativos, que el pensamiento de izquierda ha desarrollado a lo largo del siglo veinte. Hay tal grado de ignorancia al respecto, y reacciones tan conservadoras y violentas, que da escalofríos. El epíteto “populista” se convirtió en el mantra maldito que lanzan aquellos que ya no tienen más que decir, porque ni han investigado esos enfoques, ni los han vivido. Pero igualmente hay ignorancia y estupidez en buena parte de las llamadas “izquierdas”, y una falta de inteligencia, de coherencia y de carisma en sus discursos y en sus actos, que destruye parte de su credibilidad y legitimidad. El mantra de rigor, en este caso, es el calificativo de “fascista”.

Puede ser que debido a nuestra peculiar historia, a esa nefasta influencia de los posicionamientos ideológicos más retrógrados de Estados Unidos en nuestro continente, y a nuestra propia y tenaz manía de no profundizar ni informarnos en cuestiones del intelecto, es que andamos infestados. Lo más curioso es que, contra más blancas y almidonadas se vean nuestras camisas, más empiojados estamos. Tengo conocidos que se desenvuelven en estos asuntos con una pulcritud cuasi-religiosa, sacando a relucir odios y resentimientos contra cualquier posición de izquierda. Es una obsesión enfermiza, sobre todo si hay ingesta de tragos. Entonces se les sale el cobre, como solemos decir. Pero también sucede con ungidos de la izquierda, que utilizan la ideología como un desaguadero para canalizar allí sus carencias y frustraciones personales. La pregunta, entonces, es: ¿Cómo y cuándo lograremos despiojizarnos?