Domingo 17 DE Febrero DE 2019
La Columna

Ellos no saben

buscando a syd

— Maurice Echeverría
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Insectos.– Ya vienen –los insectos– a sacarte los ojos. Vienen desde la ciudad verde, desde el amplio laberinto de la tierra, desde el horizonte más antiguo, más sagrado y más elemental. Ni tu morada ni tu cerbatana podrán defenderte, guerrero. Ya vienen los insectos a perforarte los testículos. Los insectos te mostrarán tu verdadera estatura. Y llevarán tus costillas por senderos mojados.

Ellos no saben.– Ellos no saben, ellos ignoran que dentro de mí llevo una leche muerta, que dentro de mi cuerpo hay otro cuerpo, que bien puede ser el de un ave podrida. Algo en todo caso sin desenlace, que nunca nunca será perdonado, que tose sangre contra la misma vida, contra la tarde: sangre escupe. Sonrío, pretendo: ellos no saben.

El gusano.– ¿De veras crees que una chica tan bonita como ella se va a fijar en un gusano tan insignificante como tú? No seas idiota. Y aunque se fijara en ti, nunca podría funcionar. Soy tu padre, sé de estas cosas y conozco esas chicas. Esas chicas no están hechas para nosotros, no. Por eso habitan del otro lado de la ciudad. Allá donde viven los abogados, los doctores, los dueños del mundo. Recuerdo que una vez tuve una chica como esa. También recuerdo la paliza que me dieron por ponerle las manos encima. Fue una buena, una sabia paliza. Como la paliza que te voy a dar si sigues pensando que eres algo más que un gusano. Ahora, pásame la botella.

Salir de este pueblo.– Lo que quiero es salir de este pueblo, de este polvo, de este lugar sin viento, cuyo único viento es la vejez. Tengo derecho a encontrar un destino más reluciente que el de mis padres y sus padres y todos sus abuelos. Ellos, calcinados, rezan por una lluvia, pero yo quiero fuego. Ellos rezan al pie de una roca muerta, pero yo tengo sed. Di, vida, que eres algo más que estas calles sin esperanza.

Gracias.– Gracias, cónsul oscuro, por tus cómics retorcidos: tus niños que comen ranas, tus maletas–asesinos–seriales, tus plantas neurodendritosas. Gracias por esos dibujos en donde pones tantísimo amor (y tanto humor) para otros extraños que no tenemos tu talento. No tenemos tu talento, pero también somos extraños. Y viendo tus cómics, sentimos que hay un lugar para nosotros, en algún mundo.

El precio de un error.– Primero fue el escupitajo. Luego fue por todos, ante todos, y entre ellos, humillado. Levantado solo para ser puesto en el suelo nuevamente, con violencia. Obligado a comer, en esa noche intensa, sus propios excrementos. Días más tarde, lo vapulearían, lo dejarían muerto en la playa helada. Es obvio que no debió saludarla. A la niña, me refiero.

Limpieza.– Mi consejo es que vayas al sitio donde el aguacero es constante y esperes hasta que la lluvia te borre el rostro.

La exhibición.– Ya te aburriste, quieres salir. El problema es que esta exhibición, además de ser una exhibición, es una cárcel.

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