Domingo 10 DE Diciembre DE 2017
La Columna

Vámonos patria a caminar

Lado b

— Luis Aceituno
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“¡Qué terrible mi tiempo! / Y sin embargo, fue mi tiempo”, nos dice Otto René Castillo en el Holocausto optimista, dos  versos que podrían figurar como el epitafio, si tuviera una tumba, de uno de los más grandes y entrañables poetas guatemaltecos. Otto René fue hijo de un tiempo terrible, en el que, como él nos lo recuerda, caminamos con “el fango en el alma”, hacia “la orilla futura, dejando una huella horripilante”. Lo más terrible del tiempo es que esa “orilla futura” puede tornarse, por momentos, aún más espeluznante. La Guatemala de hoy, ese país por el que el poeta ofrendó su vida y que soñó más libre y más justa. Uno de los momentos cumbres del romanticismo europeo, se resume en ese gesto de Lord Byron de abandonarlo todo, para marcharse a pelear por la independencia de Grecia. De ahí solo regresaron sus cenizas. Hay algo de eso en la decisión de Otto René de internarse en la Sierra de las Minas, para montar obras de teatro y darles formación política a los combatientes de las Fuerzas Armadas Rebeldes, para sacrificarse por la liberación de la patria. Se me hace bastante difícil imaginarlo disparando un fusil. De todas maneras, es evidente que tuvo que hacerlo. Con poca fortuna. Terminó en las manos de sus asesinos, quienes lo torturaron y quemaron vivo junto a su compañera Nora Paiz Cárcamo.

Cuenta la leyenda que uno de los asesinos de Otto René Castillo recorría las cantinas de la Ciudad de Guatemala, relatando cómo había torturado con saña al poeta, mientras le recitaba uno a uno los versos de Vámonos patria a caminar. Ese hecho macabro resume el odio que este país concentraba o concentra contra la palabra. Los liberacionistas quemaron libros en la Plaza Central. Las dictaduras militares quemaron a quienes los habían escrito. La muerte de Otto René es la victoria de la barbarie contra la poesía, un intento por asesinar ese horizonte luminoso que nos prometía la “orilla futura”.

Otto René fue un poeta que escribía poemas de amor. Uno de los últimos poetas que produjo este país capaces de llevar el romanticismo hasta sus últimas consecuencias. Aún sus poemas más políticos, como el Vámonos patria a caminar, son poemas de entrega y sacrificio a los ideales más nobles que han engendrado los seres humanos. Es revelador que uno de nuestros grandes poetas sociales, sea a la vez uno de los grandes poetas intimistas de la Guatemala del siglo XX. Y es en ese intimismo en el que encontramos al hombre que fue, a aquel que le brotó un planeta azul cuando los últimos besos volaron de su boca. Anduvo muchos caminos y regresó a su patria para morir, como lo augura cuando le escribe a su “delicada bailarina” con un profundo sabor a luto. Aún cuando le ardieran “otras lunas muy lejanas y muy bellas en la piel” se quedaría en este país que lo inmoló, “a sufrir con todos, a luchar con todos”, a morir con todos.

Si este país fuera otro, si hubiera alcanzado al fin esa “orilla futura”, la lectura de Otto René Castillo tendría que ser obligatoria, en principio para todo aquel que pretenda regir los destinos de una Guatemala por la que valga la pena ofrendar la vida misma.

PS.F&G editores publica, para conmemorar los 50 años de la muerte de Otto René Castillo, la totalidad de su poesía contenida en el volumen Vámonos patria a caminar.

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