Lunes 22 DE Abril DE 2019
La Columna

Conocer personas

follarismos

— Raúl de la Horra

¿Cómo hace usted para conocer gente nueva? A veces, el individualismo y la endogamia (es decir, la manía de relacionarse solo con los de la propia tribu) de los guatemaltecos recuerda el proverbial individualismo de los franceses, al menos el de los parisinos. Porque allá es difícil entablar una conversación con gente desconocida que no nos haya sido presentada antes, sobre todo si el encuentro acontece en un lugar público. Claro, en esas condiciones, suelen darse corteses y formales comentarios sobre el clima o la situación económica general, pero hasta allí. Igual que en Guatemala.

En cambio, es a través de las redes de internet que los encuentros y el cultivo de la sociabilidad parecería darse con más facilidad, pero en realidad no sucede así, pues la pantalla suele funcionar como un potente filtro que por un lado produce la ilusión de cercanía y complicidad, mientras que por el otro, permite camuflar o mantener a distancia los aspectos de nuestra personalidad o de nuestra vida que no estamos dispuestos a compartir. Así, es raro que amistades hechas por internet se traduzcan en vínculos sólidos y durables, aunque siempre hay felices excepciones, como en todo.

Resulta que desde hace un par de meses he descubierto un nuevo método para conocer gente interesante sin hacer grandes esfuerzos: se trata de Uber, el sistema de taxis que se ha popularizado en muchos países y que es ya un fenómeno de masas, al parecer, imparable. Durante años estuve desplazándome todos los días en taxis convencionales y tenía mi red de taxistas consagrados (entre los cuales, mi buen amigo, Donnerik), pero algunos inconvenientes con la puntualidad, el mal estado de los vehículos, así como ciertas faltas de profesionalismo de parte de los conductores, me hicieron probar Uber y quedé encantado.

Como utilizo el taxi para ir y venir de mi trabajo, casi puedo decir que estoy conociendo dos personas por día, con las cuales charlo al menos durante media hora acerca de una multitud de temas, pero sobre todo, acerca de sus vidas y las razones que los llevaron a convertirse en conductores de Uber. En su mayoría son personas de cierto nivel educativo y social que, por dificultades diversas, abrazaron esta posibilidad de trabajo, algunas a manera de complemento, otras adoptando provisionalmente este sistema como la única fuente de recursos durante ocho o hasta doce horas diarias. He podido incursionar así en situaciones y experiencias humanas emocionalmente frescas e intensas que no había ni siquiera imaginado.

Por supuesto, no es que me haya hecho amigo de toda esta gente. Pero la sensación de rozar cada día la textura de otras experiencias y de otros universos más allá de los encuentros cotidianos relativamente monótonos y previsibles que tenemos con las personas que ya conocemos, aporta un plus al día y nos deja ese agradable gusto de descubrimiento y de aventura que, al final, va construyendo el espesor de nuestra humanidad, cuya piel está hecha de curiosidad y de entrega a una existencia que, para bien y para mal, reside en la atención que prodigamos a los demás.

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