Martes 20 DE Noviembre DE 2018
La Columna

Thor: Ragnarok

AT-Field @Tropismo

— Juan D. Oquendo
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Thor quizá no sea el Avenger más fuerte de todos, pero sí el más hueva. Al menos en el universo cinematográfico de Marvel. Las primeras dos películas no tenían nada de memorable, es que por dios, Natalie Portman estaba ahí pegada con chicle y siempre era Loki quien se llevaba el aplauso. Un dios cuerdo es lo más aburrido que puede haber en el mundo, más si su hermano es un verdadero lunático. Pero este año se congraciaron con el personaje  y nosotros. Desde que salió el tráiler de Thor: Ragnarok  con Immigrant Song de fondo, supe que todo sería  diferente.

Esta vez el Dios del Trueno debe frenar el Apocalipsis asgardiano que ha visto en sueños desde la batalla con Ultron, pero la visita de su hermana, Hela, la Diosa de la Muerte, pondrá todo en pausa. Sin querer, Thor termina en Sakaar, un mundito perdido en el límite del Universo donde Hulk ha permanecido durante años. Todo bajo la dirección de Taika Waititi que entrega una versión desenfadada, graciosa, terrestre y casi campechana del superhéroe/divinidad frente a la extinción de su pueblo.

Desde el hecho de que le corten el bendito pelo a Chris Hemsworth, Ragnarok sienta un aire fresco. Casi como el estilo de Guardianes de la Galaxia, la tercera entrega de Thor pone al protagonista en un estado de vulnerabilidad, sin martillo, sin diálogos rimbombantes, pero que sabe dar paso a los demás actores. No es solo el genial Loki de Tom Hiddleston, sino la magnífica Cate Blanchet como la hermana mayor de ambos con su contoneo y maquillaje emo. Y claro, el Hulk/Banner de Mark Ruffalo, cuya transición entre ambos suaviza el ritmo. O el desvaneciente Odin de Anthony Hopkins a quien esconde el Dr. Strange de Benedict Cumberbatch y cuyas escenas aprovecha Waititi para jugar con saltos y bromas.

Incluso Tessa Thompson como Valquiria se da el lujo de irse desenvolviendo poco a poco con una ametralladora en total contraposición a esa escena en que entran las valquirias desde el cielo montando caballos blancos alados. El mito grandioso frente al absurdo tiempo que viven (vivimos) los demás, representado en Sakaar y ese estado de desgobierno a cargo del Grandmaster de Jeff Goldblum. Un basurero al final del universo parece ser el único lugar donde tienen cabida personajes como Thor y Hulk cuando no están peleando contra una amenaza cósmica.

 

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