Domingo 15 DE Septiembre DE 2019
La Columna

Homenajes a Miguel Ángel Asturias

Viaje al centro de los libros

Fecha de publicación: 24-10-17
Por: Méndez Vides

Los recientes homenajes a Miguel Ángel Asturias están enfocados en la celebración de un premio, no de su obra. El premio emociona más que el aporte, en tierra de devotos de la necrofilia, porque no reconocemos a los autores en vida sino hasta cuando son cadáveres. Y por eso da tristeza ver que se conceda el doctorado honoris causa póstumo a quien ya no lo necesita ni recibe, cuando importa más el Quijote que Cervantes. Pues bien, Asturias escribió en París su maravillosa novela El Señor Presidente entre 1922 y 1932. Regresó a Guatemala a enterrar la obra dentro de un muro, y esperó catorce años hasta que pagó una edición personal en 1946, en México, en Costa-Amic. Tenía Miguel Ángel 47 años de edad, sin doctorados que se mereció, ni editor ni lectores. En México no funcionó, no hubo reacción, y viajó a la Argentina, donde dos años más tarde apareció la segunda edición en Editorial Losada, dieciséis años después de completar su escritura, y la primera edición de 10 mil ejemplares voló, y se repitió, y después de dos décadas superó el primer millón de copias.

El público mundial reconoció la genialidad del libro, y aún no se le da su lugar en nuestro país, porque los homenajes son para el hombre que ya no está, cuando Asturias es autor de la ciudad de Guatemala, así como Dickens dibujó Londres, Balzac a París y Benito Pérez Galdós a Madrid. En España están dibujando mapas geográficos de la literatura mundial, el París de Cortázar o Nueva York según Auster, y nosotros también podríamos hacer algo parecido, porque la novela de Asturias describe las calles capitalinas antes del terremoto de 1917. La obra principia mostrando el Portal del Señor, en referencia a la pequeña capilla de Jesús del Pensamiento que era adorado por la población con rezos y veladoras, donde hoy queda el Palacio Nacional. La novela plantea la tiranía de Estrada Cabrera, y anuncia su derrumbe debido a la destrucción del Portal, que anticipó el cataclismo del terremoto y el supuesto final de la dictadura.

Siguiendo paso a paso la acción de los personajes, podríamos plantear la ruta de la historia, y marcar esquinas, callejones, viviendas supuestas en el plano de entonces y plasmarlo para promover el turismo cultural. La idea es hacer algo para resaltar la obra y a sus personajes, al Pelele, a Camila, al titiritero, a Cara de Ángel y hasta al oscuro dictador. Hay que vivir la obra, no enterrarla en homenajes luctuosos a su autor.