Sábado 22 DE Septiembre DE 2018
La Columna

Yo también

lucha libre

— Lucía Escobar
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Las mujeres de todo el mundo alzamos la voz,  denunciamos que estamos cansadas, hartas de que nos acosen. Desde su variante más pública en las calles, con los chiflidos, los dizque piropos no pedidos, hasta lo más invasivo cómo las metidas de mano o violaciones en transporte y lugares públicos. Desde muy pequeñas hasta que llegan a abuelas, las mujeres intentamos evadir todo tipo de insinuaciones poco agradables o ataques a nuestro espacio personal e íntimo.

Estos días en las redes sociales, muchas usuarias estamos contando con el #YoTambién algunos de estos ataques, a veces sutiles y otros violentos que sufrimos en espacios laborales, públicos o familiares. No son algunas y no son pocas. Son muchas, somos casi todas, las que nos hemos sentido acosadas. El acoso puede ser en el ámbito familiar o laboral. Estrellas de cine, profesionales, obreras y hasta niñas son acorraladas para obligarlas a complacer a alguien con más poder que ellas.

Además existe el acoso callejero, un mal demasiado cotidiano, pero no por eso menos molesto y peligroso. No es normal que muchas mujeres tengan miedo de salir. Las calles también son nuestras y no deberíamos temerles. No es normal regresar a casa a cambiarse para no “provocar”. No es normal que algunos hombres se comporten como animalitos que no pueden controlarse. No es normal que a nosotras se nos enseñe a cuidarnos y reprimirnos, y a los hombres no se les enseñe a comportarse y a respetar.

Eliminar el acoso sexual y el callejero son tareas que parecen titánicas de tan normalizadas que están. El acoso descansa sobre las bases del patriarcado, se alimenta de chistes machistas, comentarios humillantes contra la mujer, publicidad sexista, mandatos religiosos incuestionables. Cosifica a la mujeres e  hiper sexualiza a las niñas, etcétera. Todo esto produce sociedades misóginas, en que cualquier desconocido se siente en el derecho de gritarnos en la calle: “hola”, “rica”, “mamita”, “colocha” o cuestionar por qué estamos tan bravas o tan solitas. Las mujeres sabemos por experiencia que del abuso verbal al físico solo hay un paso y que para algunos patanes la dignidad de nosotras vale menos que un rábano.

Yo también he sido víctima de acoso. Me han acosado sola, en grupo, de día y de noche, por chat, conocidos y desconocidos, en talleres, en correos, en trabajos, en la calle, en el parque. He esquivado, he aguantado, me he hecho la loca y algunas veces he alegado, maltratado y me he defendido. Siempre me enojo.

No queremos más abusos. Queremos usar los buses sin miedo, caminar por la noche sin temor ni prisa, usar vestido o falda sin culpa, arreglarnos sin que eso se  interprete como invitación a delinquir.  Necesitamos más hombres solidarios que nos vean como seres sujetos a derecho y respeto, y no como mercancía o ganado, que se respeten a sí mismos, y que controlen sus impulsos.

Construyamos juntos un mundo más amable, también para nosotras.

@liberalucha

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