Domingo 25 DE Agosto DE 2019
La Columna

Los rostros de la idiotez

follarismos

Fecha de publicación: 07-10-17
Por: Raúl de la Horra

Veamos lo de España. A mí, esta manía de la burguesía catalana de buscar compulsivamente la independencia a cualquier precio me parece una idiotez, como es otra idiotez el no instituir un diálogo a varios niveles tanto en Cataluña como en España para hablar de este tema y buscar soluciones consensuadas que eviten el choque de trenes. Porque tal choque irá no solo en detrimento de los ciudadanos “españoles” y “catalanes”, sino en detrimento de los esfuerzos –fructuosos en gran medida– realizados después de la segunda guerra mundial del siglo pasado, para crear una Unión Europea relativamente democrática y próspera que logró impedir hasta ahora, por primera vez en muchos siglos, las guerras intestinas que asolaban con frecuencia a ese continente.

Personalmente repugno los nacionalismos, cualquiera que estos sean. Entiendo que en la dimensión microgeográfica, visto desde la tierra donde uno nació, lo primero con lo que uno se identifica es con lo inmediato, es decir, con la familia, la zona, la ciudad, la región, la cultura y el país en el que se ha crecido. Sin embargo, cuando se sale del cascarón y se descubre que el mundo es ancho y hermoso, entonces uno se identifica principalmente con los grandes conglomerados regionales y culturales que nos contienen y que se contraponen a otros conglomerados que nos son relativamente ajenos. Es así como los latinoamericanos en Europa, nos identificamos frente a los europeos como latinoamericanos, primero, y solo después, como guatemaltecos, ecuatorianos o argentinos.

El que ahora una porción del territorio compuesto por pueblos y regiones que históricamente se construyeron bajo el nombre de “Reino de España” quiera desvincularse del resto, me parece un error que va en el sentido contrario al de la Historia, que suele desplazarse de la aldea a lo global, de las partes al todo y de lo particular a lo general. La idea de que en un mundo cada vez más globalizado e interdependiente la atomización sea un progreso, resulta tonta y contraproducente, como sería tonto, por ejemplo, que cada región de España buscara independizarse, o aquí entre nosotros, cada departamento guatemalteco o cada etnia quisiera constituirse en una república soberana e independiente. Imagínense el relajo: tan solo en Guatemala habría que traducir en veintitantas lenguas indígenas cada una de las obras de la literatura universal, empezando por las de Shakespeare, pasando por las de Miguel Ángel Asturias. Tarea absurda e imposible.

La idea de Nación, así como las vivencias estúpidas de nacionalismos y patrioterismos (no quiere decir que no puedan existir ideas legítimas, sanas y democráticas de un Estado-Nación), no suelen ser nunca ocurrencias nacidas de las preocupaciones de los pueblos, sino que son casi siempre nociones surgidas de los intereses económicos de las clases dominantes o hegemónicas de una región. El nacionalismo catalán, tanto como el nacionalismo vasco –como todos los nacionalismos del mundo– han ido fabricándose una mitología heroica de su historia y de sus tradiciones que poco o nada tiene que ver con la realidad, pero que sirve para “educar” “mentalizar” y manipular a las masas. Y esto es tan cierto allá, como aquí y acullá. Por eso, haciendo acopio de serenidad, les dejo a esos españoles y catalanes obnubilados por la idiotez el siguiente mensaje: “em cago en tots els nacionalismes”.