Miércoles 14 DE Noviembre DE 2018
La Columna

It

AT-Field @Tropismo

— Juan D. Oquendo
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 Me encanta ir al cine y ver películas de terror. Por más estúpidas que puedan ser. Todo porque me emociona ver a la gente asustarse, apretar la mandíbula y casi siempre tirar los poporopos. Esta semana fui a ver It, una nueva y fresca adaptación de la gigantesca novela (tiene más de mil páginas) del novelista Stephen King cuyas obras han sido llevadas al cine, entre ellas The Green Mile, Carrie, Misery, The Shawshank Redemption y The Shining. No es poca cosa cuando hablamos de terror, aunque tampoco es H.P. Lovecraft.

De esas más de mil páginas, la adaptación a cargo de Andy Muschietti (Mamá) solo toma una pequeña fracción: la del Club de los Perdedores de niños. Pero lo hace de una manera tan elocuente, precisa y bien armada que la película se disfruta de cabo a rabo. La historia va así: un día Georgie desaparece en Derry, un pueblecito gringo donde los niños y niñas se esfuman a cada rato. Al año de la desaparición de Georgie, su hermano Bill y sus amigos deciden dedicarse el verano a encontrarlo. Es en ese proceso que se dan cuenta que en Derry habita un ser sobrenatural que alimenta el miedo cambiando su forma a gusto, pero casi siempre identificado como un payaso.

Muschietti torna los miedos de los niños, tan cotidianos, en cosas siniestras, brincando de la pantalla a cada momento. Los actores son fabulosos, desde Bill Skarsgård como el payaso Pennywise, pasando por los chicos Bill (Jaeden Lieberher), Ben (Jeremy Ray Taylor) y Beverly (Sophia Lillis), y el ya genial Finn Wolfhard (Stranger Things) como el precoz Richie cuya presencia rompe y relaja la tensión. Al fin y al cabo, la cinta, y el libro, se tratan de confrontar los miedos, matarlos y repetirlos. El miedo es generacional.

Pero con el contexto en que vivimos, en particular en Guatemala, no pude dejar de pensar en lo simbólico de It y lo que pasó esta semana. Jimmy es solo una de las mil formas del Pennywise a la tortrix, lo mismo que la partida de imbéciles del Congreso. Nuestro Pennywise, el monstruo, el ente, el concepto, es la impunidad que se retuerce por mantenerse viva y se alimenta de la corrupción. Por favor vayan a ver It, pero salgan pensando que el miedo de nuestra generación debe ser esa alimaña desgraciada de la impunidad y que hay que matarla, generación tras generación.

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