Miércoles 14 DE Noviembre DE 2018
La Columna

Pacto de corruptos

lucha libre

— Lucía Escobar
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Casi un centenar de diputados guatemaltecos acaban de dar un gran regalo de “Independencia” a nuestro sufrido país: cien años de impunidad más. Las imágenes de la votación procorrupción pasarán a la historia como otro momento oscuro en la historia del país. Los congresistas blindaron al presidente y a ellos mismos. Que sigan engordando: a todos ellos también les llegará su sábado. Los corruptos y mafiosos festejaron jugarle la vuelta a la justicia, pero no se dan cuenta que los pactos con el diablo, siempre los gana el chamuco. Ni las bendiciones, ni los grupos de oración, ni las ungidas e idas a la iglesia, los salvarán. Tienen las manos manchadas. No se trata solo de que los corruptos se hagan más ricos. Se trata de un pueblo que se vuelve cada vez más pobre. Nos roban la vida, el futuro, la esperanza y el dinero a millones de guatemaltecos.

Guate duele. La desfachatez de los gobernantes es tremenda. Se encuentran completamente divorciados de la realidad, de la dureza de vivir aquí. El pasado 7 de septiembre en el Real Palacio de los Capitanes Generales en La Antigua se realizó una “fiesta” a puerta cerrada para celebrar el 196 aniversario de la “Independencia” de Centroamérica. Afuera en el parque, junto con el montón de vendedores ambulantes, niños y adultos, estaban cientos de soldaditos listos para hacer sus marchas de deshonor. El parque y los alrededores estaban tomados por militares y policías, carros de lujo y de doble tracción con vidrios polarizados. Los invitados, todos emperifollados, edecanes, modelos, y diplomáticos de segunda categoría entraban contentos de disfrutar una comida gratis y de codearse con la “élite” local. Los que estábamos afuera veíamos pasar los camiones con viandas y comida para la gente de adentro. Decían que llegaría Jimmy y por eso, unas antigüeñas valientes, convocaron a manifestar. Jimmy ya no llegó, solo el vice Jafeth, la alcaldesa Susana de la Ausencia y el Nuncio Apostólico, entre otros oportunistas. Daba tristeza imaginar cómo adentro brindaban y comían a expensas del pueblo y al mismo tiempo ver tanto desempleo y pobreza en el parque central. No se me quita de la cabeza ni del corazón, la imagen de una nena comiéndose un vaso de duroport. Ya lo llevaba por la mitad, mientras adentro los invitados celebraban puras pajas. Un pueblo desnutrido no está para estar gastando en cocteles. Ofendía ver a los invitados con sus vasos llenos de güaro. ¿Quién pagó esa fiesta? Había tanto licor que el diplomático hondureño Edgardo Paz Sierke salió borrachísimo directo a orinarse en el Palacio de los Capitanes Generales. También insultó y humilló a los policías que no querían dejarlo manejar su carro, estacionado contra la vía. Ese mismo día, otro carro de placas oficiales, violaba las leyes del patrimonio nacional entrando y estacionándose dentro del monumento.

Así es Guatemala: una fiesta a puerta cerrada que pagan los más pobres, pero donde solo están invitados unos cuantos patanes.

@liberalucha

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