Miércoles 14 DE Noviembre DE 2018
La Columna

Diario abierto

buscando a syd

— Maurice Echeverría
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El hecho es que cada cierto tiempo me pregunto sobre el rol y función de Buscando a Syd. Es un ejercicio sano, para cualquier emisor formal de opinión, revisar los fines y motivaciones de su espacio columnístico. En mi caso, viene a ser un ejercicio que hago con alguna frecuencia. Y cuando lo hago, siempre hay dos opciones que me saltan mucho: orientarme hacia lo íntimo; o bien orientarme hacia lo colectivo.

Empecemos por la última opción. Me refiero a la posibilidad de hacer de Buscando a Syd una columna de análisis político, por ejemplo. Cosa que podría hacer no mal, incluso, y mejor que algunos, parece.

Yo siempre voy dando toda suerte de criterios políticos en mi página de Facebook, y ahí pueden rastrearlos. Sin embargo tengo un problema con convertir eso en un ejercicio formal y es que esa tablilla es la misma que dan casi todos los columnistas en el país. En verdad, hay demasiados putos analistas, sin contar los de las redes. Levanta uno una piedra y aparece otro de esos, muy dentón.

De otra parte, escruto a todos esos amigos míos que les fascina observar la vasta y escabrosa criatura administrativa, compruebo que son seres del género amargado. Lo cual es lógico: es un patio muy convulso, ese de la opinión coyuntural, con sus ayeres fallidos y sus mañanas sin mañana. Qué reinado violento y paranoico, por demás. Todo el tiempo hay que pelearse con seres brutos, fanáticos, demagogos, cuchilleros, todo el tiempo. La forma más segura de conservar la paz interior es manteniéndose al margen, sin duda. Luego también es cierto que uno se harta de hablar de tanto carterista o caradura que abunda en el aparato del poder.

Ahí es donde yo prefiero hablar de cosas más cercanas, y además casi nadie lo está haciendo. Entiendo que la tendencia ha sido (aún más en los últimos años) la de politizar al individuo, elevar su temperatura ciudadana, pero aquí es todo lo contrario: subjetivar lo público, por medio de un diario abierto. En realidad, tal fue desde un principio la mística de Buscando a Syd. Un lugar autoral que, por su fondo y forma, estuviera en pugna con esas otras columnas de tono editorializante. Individualidad y literatura, tal fue la fórmula.

Hoy no parece una fórmula particularmente notable, con tanta intimidad y gramática en el Twitter, pero en aquel tiempo no había sitio para eso. Los medios y plumas siempre opinaban de la situación del país como si la persona no tuviera su situación también. Se hablaba del cáncer del sistema, pero menos o nada del propio cáncer, pues. Hasta la fecha, la persona sigue sin existir en algunos medios de opinión. O si existe, existe de un modo muy banal, o bien de un modo altamente politizado, en proclama. Que no tiene nada de malo en sí, pero yo estoy hablando de otra cosa y de otra cosa quiero hablar. ¿De qué? De la vida privada, que además da una bonita y orgánica coherencia a la propia columna, en el tiempo, según me doy cuenta.

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