Viernes 16 DE Noviembre DE 2018
La Columna

Martí en Guatemala 3

Viaje al centro de los libros

— Méndez Vides
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Martí creyó que iba a llegar casado a un país donde se le adoraba, y que su esposa gozaría de la misma buena voluntad. Por eso escribió a su editor y amigo, en relación al libro recién terminado en Acapulco, titulado cortesanamente Guatemala: “este libro me será aquí de verdadera utilidad: servirá de arma a los que me tienen cariño contra aquellos para quienes soy, a pesar de mi oscuro silencio, una amenaza o un estorbo”.  Pero al retornar casado se tropezó con otro universo, otra realidad. Quizá fue el mismo libro el que influyó en agitar la desconfianza o el celo, porque muy pronto ya quería salir corriendo de esta tierra que lo empezó a hacer sufrir.   En una carta advirtió lo que estaba intuyendo: “Tengo decidido, cuando pague mis deudas, irme de aquí”.

Martí fue recibido con una  terrible sorpresa, le fueron retiradas las cátedras en la Universidad por celos del rector, dejándole apenas una clase de Historia de la Filosofía sin sueldo, y con alumnos a los que se prohibía acudir.   Los pocos que se atrevieron le tomaron tanto cariño que le regalaron una leontina para su santo, la cual él usó siempre de allí en adelante, y envió a su hijo antes de la batalla donde pereció con la siguiente nota: “Si desaparezco en el camino, recibirás con esta carta la leontina que usó en vida tu padre”.

En sus cartas transcribió cómo pasó los días tras regresar casado: “Los conservadores me hacen la cruz, y están en su derecho, yo debo parecerles un diablo con levita cruzada. Los liberales sedicentes, que de inteligencia y corazón aquí no los hallo, se resisten a estrecharse para dar sitio en el banquete al que no es a sus ojos sino un comensal más. —No saben que los que viven del cielo comen muy poco de la tierra. —No toman de ella más que lo necesario, para vengarse de ella, porque los retiene”.

Las intrigas lo afectaron, y percibió que había una conjura en su contra por parte de las fuerzas políticas en pugna. Ya no pudo llevar a cabo su proyecto de la Revista Guatemalteca. Y lo que más le afectó fue la manera como sufrieron quienes lo apoyaron. El Embajador en México, Uriarte, fue destituido por escribir el prólogo a la obra. El director cubano Izaguirre, también fue destituido de la Escuela Normal, por órdenes expresas del caudillo Justo Rufino Barrios.  Martí tuvo que renunciar a sus cátedras en la educación media, que eran su único ingreso.  Estaba claro, ya no era  bien recibido.

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