Sábado 22 DE Septiembre DE 2018
La Columna

Mamadas

follarismos

— Raúl de la Horra
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Ustedes perdonen, pero pocas veces he leído y escuchado tantas mamadas juntas como en la última semana. El término es inteligible porque sirve para calificar las superficialidades, necedades, rumores, mentiras y sandeces que solemos expresar y que son, al parecer, una suerte de práctica cultural propia de los pueblos que no leen y no reflexionan suficientemente, que no ven, ni oyen, ni entienden más que las idioteces que reconfortan sus propios prejuicios y creencias.  Esta semana, aquellos que tienen el ego atrofiado por un chapinismo de cantina y que son, además, propensos a dejarse manipular por el primer demagogo que se les cruza, sacaron a relucir lo más granado de la idiosincrasia nacional aprovechando el intento de linchamiento que el señor Presidente de la República realizó contra la persona del Comisionado de la CICIG, Iván Velásquez, al declararlo “persona non grata”, sin especificar cuáles eran los delitos que le achacaba. A partir de allí, los sectores criminales más oscuros de la sociedad, así como una masa acrítica enardecida en patrio ardimiento, saltaron a la palestra a secundar al señor Presidente y a acusar a Iván Velásquez de casi todos los males habidos y por haber en nuestro país. Es sabido que los grupos llamados primitivos, es decir, aquellos que han logrado cultivar y reproducir un cerebelo elemental sin mayor desarrollo, necesitan, para explicarse el mundo, no sólo de tótems mágicos y religiosos, por un lado, y de chivos expiatorios, por el otro, sino también de una buena dosis de xenofobia y de mala entraña para crear las condiciones ideales requeridas para lanzar a los supuestos enemigos a la hoguera.

Esta semana se escucharon las mamadas más desopilantes contra el Comisionado de la CICIG, tanto en una dirección como en otra, para justificar su expulsión del país. Por ejemplo, se dijo que sus atribuciones traspasaron el límite de lo aceptable, al punto de que la CICIG se convirtió en un Estado dentro del Estado, que el Señor Velásquez sigue una agenda personal izquierdo-comunista de justicia selectiva, puesto que investiga únicamente a los que a él le conviene o a los que le ordena el gobierno de los Estados Unidos, además de que él no ha querido condenar en los dos últimos años a los delincuentes ya encarcelados y que no atrapa a aquellos que deberían estar en la cárcel, y se le reprocha el haber presionado a jueces, a diputados y a otras personas clave, y protege a la señora Sandra Torres y a su partido UNE, y se dice que ha manipulado a testigos y ha presentado pruebas falsas, etcétera. Todas estas afirmaciones, sin mostrar nunca una sola evidencia concreta de a qué se refieren. La otra vertiente de la imbecilidad (siendo las dos caras comunes del pensamiento mágico), critica a Iván Velásquez porque él no ha querido comprometerse a fondo contra la corrupción y la impunidad, no ha hecho nada, por ejemplo, para que el personal del Congreso y del Gobierno se reduzca al menos en un 50% (¡esto lo leí por ahí!), no hace justicia contra los militares genocidas y no facilita el debido resarcimiento a las víctimas, no lleva a la cárcel y no condena a los políticos que han malversado bienes nacionales, no interviene contra las compañías transnacionales y contra la minería, en fin, no ha asumido los roles que normalmente le competen al Estado. ¡Vaya confusión! Sin embargo, esta vez las fuerzas de la sensatez triunfaron e hicieron -por el momento- que nuestro Batman pueda quedarse hasta el final de su mandato, y yo espero que siga realizando tan buen trabajo como el que ha hecho hasta ahora. ¡Albricias por don Iván Velásquez! 

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