Domingo 22 DE Septiembre DE 2019
La Columna

Martí en Guatemala 2

Viaje al centro de los libros.

Fecha de publicación: 29-08-17
Por: Méndez Vides

Martí acudía a las veladas en la casa del expresidente Miguel García Granados, donde conoció a María, la niña adolescente, hija del anfitrión, que quedó prendada.  Fue ella quien le pidió a Martí, como era la usanza cortesana de la época, que le dedicara un poema, a lo cual él accedió con un sentimiento evidentemente amistoso, plagado de mensajes claros: “Versos me pide la amistad”, o “a ti va alegre mi canción de hermano”, pero tampoco iba el cubano a lastimar la sensibilidad de la muchacha.   Martí habrá notado su enamoramiento o lo sospechaba, porque insistió en resaltar en su escritura que “la noble amistad, tierna y lozana” que existía entre ambos, y advertía de la existencia de una novia que “curó mi mal y serenó mi frente” esperándolo en México, a lo que la niña no quiso hacer caso.    Más adelante le volvió a pedir que le dedicara un segundo poema, y él cumplió, resaltando el amor fraternal.   Pero ella no perdió la ilusión, porque antes de partir para casarse, le regaló una foto suya dedicada que firmó como “Tu niña”.   

El poeta cubano partió a México y se casó el 11 de diciembre de 1877.   La ceremonia religiosa se sucedió en la parroquia del Sagrario Metropolitano, y el festejo civil de celebró en la casa de Mercado, donde Martí se alojaba.    

El 26 de diciembre inició el retorno acompañado, dispuesto a quedarse en el país donde se le había tratado con tanto cariño.  Seguro le contó a su esposa las maravillas del país que le abrió las puertas, dio trabajo, y venía planificando solicitar su grado de abogado a la Universidad de Zaragoza, para tener un mejor futuro en estas tierras, así como manifestó interés por comprar una finca.

El recorrido fue intenso, cruel, atravesaron ríos caudalosos, cruzaron cerros, esquivaron ladrones a quienes ahuyentó la escolta.   No era lo mismo viajar solo que acompañado.   Hicieron escala en Acapulco, donde pasaron su luna de miel, mientras Martí terminaba de escribir el libro Guatemala.  Su intención era clara, le gustaba Guatemala, se quería quedar a vivir, y buscó agradecer la amistad: “Yo llegué meses hace, a un pueblo hermoso: llegué pobre, desconocido, fiero y triste.  Sin perturbar mi decoro, sin doblegar mi fiereza, el pueblo aquel, sincero y generoso, ha dado abrigo al peregrino humilde.  Lo hizo maestro, que es hacerlo creador.  Me ha tendido la mano y yo la estrecho”.

(continuará)