Sábado 23 DE Marzo DE 2019
La Columna

José Batres Montufar

Viaje al centro de los libros

— Méndez Vides
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La figura de Pepe Batres, es emblemática, publicó poco y la familia destruyó lo inédito protegiendo las buenas costumbres. Fue el más lúcido poeta de la nueva nación independiente. Augusto Monterroso le tuvo siempre devoción, escribió sobre su vida y obra, así como José Martí lo alababa, enalteciendo por ellos y otros grandes, por la habilidad ingeniosa de poeta que versificaba con tanta claridad al narrar historias naturales sujeto a las reglas de la métrica y rima. En la dedicatoria de El Reloj, dice que “no debía de salir del círculo de mis propios amigos, pues el estar impresa en un periódico de Guatemala, es lo mismo que hallarse en un archivo privado”.

Batres Montúfar nació en 1809 en San Salvador y murió en Guatemala en 1844, a los 35 años. Fue guatemalteco, centroamericano y para muchos un autor del Nuevo Mundo.

Fue militar y participó en batalla, fue hecho prisionero por un año en una celda. Aprendió el latín y el francés, tradujo una oda de Horacio, que le hizo ganar posteriormente la admiración de Marcelino Menéndez y Pelayo, y del francés Bernard. Guatemala era inestable, entre revueltas y disturbios por odios provinciales, asunto que no cambia. Sufrió la guerra por la unión centroamericana de Morazán, el despojo de su casa y la pérdida de la fortuna familiar.

De estilo satírico, sus cuentos narrados en verso evocan las costumbres nacionales, vicios y preocupaciones que a la postre son universales. Siempre se sintió incomprendido y falto de estímulo.

Como topógrafo participó con su hermano Juan en las mediciones del Río San Juan en Nicaragua, cuando se estudiaba la posibilidad de construir un canal interoceánico (sueño que aún no dejan de planificar), y en dicha gesta murió de malaria quien se llamaba como el río. Regresó solo a Guatemala, enfermo y triste. Fue nombrado gobernador de Amatitlán y diputado por San Marcos.

La vida cultural de entonces se limitaba a tertulias, donde él prefería ser discreto. Sus narraciones se publicaron como Tradiciones de Guatemala, que de alguna manera inspiraron a José Milla y evoca las Leyendas de Guatemala de Asturias, porque significó el punto de partida. Las falsas apariencias continúa siendo un monumento incomparable, porque no cualquiera logra contar una historia con tanta claridad e ingenio. 208 años después de desaparecido, porque murió el 9 de julio de 1844, lo recordamos y leemos con admiración.

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