Domingo 18 DE Noviembre DE 2018
La Columna

“Sí hubo genocindio”

EL BOBO DE LA CAJA

— Andrés Zepeda lacajaboba@gmail.com
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La frase no es mía, yo sólo la reproduzco. ¿Quieren lincharme igual, por la herejía de citarla? Adelante, háganlo. Dense gusto. A todos los demás (es decir, los que no saben de qué hablo), me permito ubicarlos en contexto:

El mundo está lleno de gente chispuda, pero torpe. La chispa, esa mezcla de viveza con listura, rara vez va acompañada de inteligencia. Einstein, por ejemplo: él era inteligente. Buggs Bunny, en cambio, es un personaje arquetípico de lo listo. Son dos atributos diferentes.

Mr. Fer es un rapero guatemalteco muy listo… y bastante mula. Hace dos años, con más chispa que tino colgó en su portal de twitter el enunciado de marras. Leído desapasionadamente, nadie podrá regatearle su buena dosis de ingenio. Hay además un punto de quiebre, un filón de humor por donde se cuela (de manera involuntaria, me parece) esa verdad subversiva que se oculta detrás de la Verdad decretada: una forma breve y audaz de revelar –poniendo la impronta racista al descubierto– que el terrorismo de Estado recayó, de hecho, sobre una población indígena en su mayoría.

Claro que para admitir ese filón hace falta primero abrirse a su posibilidad… y ya se sabe que si algo detestan los fanáticos (la semana pasada hacía referencia a ellos) es la potencia transgresora del chiste. De modo, pues, que la correntada de indignación no se hizo esperar. En furibunda molotera, las huestes políticamente correctas se le dejaron ir encima con la sed de venganza (ellos la confunden con justicia) que las caracteriza. Reprimidas a la hora de reírse, envidiosas, y ante todo hipócritas, no soportan ver a otros ejerciendo el derecho que ellas se niegan. ¡Cuánta chispa y cuánta inteligencia les hace falta también!

Tan desproporcionada fue la ira, tan rubicunda la alharaca que incluso metieron en su contra una denuncia ante la Procuraduría de los Derechos Humanos. Ésta, faltaba más, procedió en consecuencia. Y cuando digo que Mr. Fer es bien mula me refiero a que, acorralado por las presiones, con el miedo de saber que había quienes deseaban verlo arder en la hoguera, incapaz de explorar otras posibilidades (¡que las había!) optó por emitir un comunicado disculpándose públicamente. Qué cagada.

Yo fui, estoy seguro, de los que más lamentaron el desenlace. ¿Qué pretenden lograr censurando palabras, castigando blasfemias; ojo por ojo, diente por diente? Me hubiera gustado estar en su lugar para batirme con ese ejército de fariseos escrutadores de la moral ajena. Tengo cuentas pendientes con ‘ellas y ellos’. Son los que brincan escaldados, gritando ¡violencia!, ¡violencia! cuando uno sugiere legitimar las trompadas como último recurso para dirimir pugnas que no han podido resolverse de otro modo.

Son los que se dan baños de pureza y esquivan reconocer las maneras no menos violentas que tienen de cebarse contra quienes no pensamos igual. Son los que no se han detenido a observar que toda normatividad social, toda construcción política –la civilización, la propiedad, la ley, la religión, la monogamia, las “buenas costumbres’, el Estado, la democracia burguesa– pasa necesariamente por la instauración previa, tácita, de relaciones de poder en cuyo seno anidan formas nada sutiles de opresión y de violencia. Es gente que, en el fondo, se detesta a sí misma. Pusilánimes, llenos de prejuicios, cobardes para verse en el espejo, desplazan su odio colgándole al otro la etiqueta de prejuicioso.

“Cubra sus bajos instintos con una piel de cordero”, recomienda el trovador, “que a simple vista no se ve el charol de sus entrañas”. Las apariencias engañan… en beneficio de usted.

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